jueves

Camino del matrimonio

  En este capítulo asistimos a los relatos de cortejo, noviazgo y preparación de la boda. 


Aquellas muchachas abandonaron lo que debía haber sido el “paraíso” de la infancia. Algunas, ya sabían de las miradas de los chavales, al cruzarse por la calle; los pequeños disimulos cuando coincidían en algún sitio, “casi” por casualidad; las serenatas en las noches claras de primavera. Se estaba preparando un nuevo tiempo para ellas, pronto llegaría el amor; estaba a punto de aparecer ese muchacho, trabajador, serio, sin vicios, que podía convertirse en el hombre con el que formar su propia familia. Eso era lo que tenía más valor, lo que siempre decían los mayores.
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 El trabajo era una exigencia para sacar adelante una familia, y el hombre, teóricamente, el responsable económico. Los varones tenían que mostrar socialmente esa cualidad para ser valorados y aceptados por la mujer que pretendieran, y también por la familia de ésta. Claro que ganar el sustento diario no era suficiente. Un hombre que se distraía en la taberna más de lo conveniente, quedaba más o menos descartado como buen marido. En definitiva: ser trabajador y no tener vicios como la bebida y el juego, era lo más apreciado entre las cualidades de los jóvenes casaderos. 
Grupo de muchachas ubriqueñas. Sobre los años 50
Lo del príncipe azul sólo ocurría en los cuentos y en las películas, pero había que ser realistas. Sin embargo, ha sido hermoso comprobar que, a pesar de todo surgían enamoramientos de esos que incluso el tiempo no ha podido borrar. Lo comprobaremos, sobre todo en los relatos de Rafaela y Pilar, las dos mayores del grupo. Varias veces, mientras compartían con el grupo su experiencia y sus ilusiones jóvenes, sus ojos se han inundado de lágrimas. La emoción ha estado presente en las dos, porque además, ambas se han solas con la muerte de sus “hombres”.

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Por otra parte, a las muchachas se les exigía, sobre todo ser honesta y mejor si no había tenido novio formal. Esta condición estaba justificada por el enorme valor que se le daba a la virginidad. Hablamos de una época en la que la principal virtud femenina era la pureza, la “santa ignorancia” en todo lo que refería al contacto con el propio cuerpo y, naturalmente, el más mínimo contacto con el otro sexo ya se consideraba algo pecaminoso y sospechoso. Quedarse “pa vestir santos” significaba pasar a ser una “solterona”, sin marido ni hijos de quien ocuparse. 
Todas coinciden en la gran cantidad de restricciones que tuvieron en las relaciones con el otro sexo durante la época del cortejo y el cuidado que debían tener para no ser criticadas ni tachadas de chicas fáciles. En los refranes y dichos populares estaba presente esta visión sobre las jóvenes: “Moza que mucho va a la fuente anda en boca de la gente”. 
Uno de tantos carteles propagandísticos hacia el papel de las mujeres en la familia
 La Iglesia tenía un gran protagonismo en este control.  Varias de ellas hablan de que en un momento dado se tuvieron que quitar la insignia de Acción Católica, porque ser una joven con insignia te exigía mucho y ellas no querían perder al hombre que habían elegido. Los mensajes que recibían las jóvenes iban dirigidos, como reza el cartel, a ser la esposa perfecta, pero lo peor era que se les negaba la posibilidad del deseo, y sobre todo, de la más mínima expresión de afecto con los muchachos de su edad, incluído el novio, que debía esperar a la noche de novios sin haber apenas besado la mejilla de la joven. 
Las asociaciones católicas de los años cincuenta del siglo XX, no sólo en España, sino en los paises de tradición cristiana,  imprimieron estas imágenes con sus correspondientes mensajes, dirigidos claramente a hacer de las mujeres seres sin intereses ni necesidades;  esposas sumisas. Por el contrario, el hombre quedaba como el "Rey de la casa", al que había que complacer, al que habia que evitar cualquier trabajo extra, cualquier preocupación... Ahí estaba ella, para hacerle la vida agradable, sin quejas, sin pedir explicaciones cuando no llegaba a casa a la hora adecuada, ya que al fin y al cabo la vida de él era la verdaderamente importante. Siempre tenía buenos motivos, hiciese lo que hiciese.  Sin palabras.  
     FUENTE: http://www.chicaregia.com/forward/11-reglas-para-mantener-a-tu-marido-feliz/ No conozco de donde procede el original. 

martes

¿La regla...? A nosotras nadie nos enseñaba nada

Las historias que fueron desgranando las mujeres del taller nos acercan a una vivencia muy importante para las niñas: la llegada de la menstruación. Con la llegada de la primera regla, las niñas abandonan su infancia; esto es un hecho incuestionable en todas las sociedades. La posibilidad de poder procrear es la que marca ese paso, de ahí que menstruación y sexualidad estén tan íntimamente ligadas en la educación y la vivencia de las adolescentes.
La mayoría de las niñas aún estaba en periodo de escolaridad
Pero la época en que nuestras protagonistas pasaron por esta experiencia convirtió algo tan natural en un auténtico tabú. Las adolescentes recibían informaciones poco precisas, sobre todo a través de las amigas o las hermanas mayores, eso sí, siempre revestidas de un gran secretismo y demasiadas supersticiones. La mayoría coinciden en ambos. 
Estas son las palabras de Rafaela sobre ese momento de transición:

“A mí con 12 años me vino la regla. Yo estaba con una señorita en Jerez. Ella me dijo: escríbele a tu madre y le dices que ha venío tu tío Pepe a verte. Y yo pensaba, ¿qué tío Pepe…? Pero que antes las madres no nos enseñaban. A mí fue la señorita la que me explicó to y me daba los pañillos. Lo que yo sé hacer me lo enseñaron mis señoritas. A mí me sentaban en la estufita, cuando acababa de fregar y me explicaban delante de un reloj cómo se sabía la hora y muchas más cosas que me enseñaron. Yo aprendí mucho sirviendo”.

Curiosamente entre Rafaela o Pilar, las mayores del grupo, y la más joven,  no ha cambiado  casi nada, a pesar de que hay entre ellas veinte años de diferencia. Además de los mismos silencios y miedos, las supersticiones todavía permanecían en la memoria colectiva de los pueblos. Los recuerdos de ellas nos llevan a la conclusión siguiente: la posguerra duró muchos años y aún al principio de los años sesenta, en el mundo rural, la vida cotidiana estaba presidida por dos leyes no escritas: la ley del silencio y la de la obediencia a la autoridad. Mediante el silencio, permanecían ocultas todas aquellas cosas que la moral del régimen y de la Iglesia Católica afín consideraba tabúes. A través de la obediencia a la autoridad, se conseguía que los mensajes que transmitían la escuela, la iglesia, y todos los poderes del Estado, fueran considerados por todos como algo verdadero que no tenía discusión. 
Algunas parecían mayores
Manuela se explica su silencio y confusión de este modo:

“A mí me vino con 12 años. Allí había una chica en el rancho. Era de Algar. Ella me asustó mucho porque era mayor y me decía: como tú se lo digas a tu madre se va a pensar que es otra cosa, como diciendo que yo había estao con un muchacho o algo así. Y la puñetera me dijo eso. Pues no veas, que tardé varios días en decírselo a mi madre. Mi hermana mayor estaba en Ubrique y no se lo podía decir”.

Escuchando los relatos de estas mujeres, nos hacemos cargo de los sentimientos ambivalentes de aquellas muchachas. Ellas veían que sus cuerpos estaban experimentando cambios evidentes, que las alejaba cada día un poco más de la infancia y las acercaba a otra etapa, lo cual les producía una especie de inquietud y desasosiego muy agradables. Y es que eso de ser mujer parecía otorgar a la niña otra categoría; nada que pudieran explicar de forma muy clara, pero para ellas era como una aspiración que estaba presente en sus conversaciones. Pero al mismo tiempo que se fomentaba esa especie de deseo por entrar en el mundo femenino adulto, los silencios y las medías palabras alrededor de la regla, la sexualidad, y el cuerpo, eran una fuente de inseguridad y miedo. La mayoría del grupo comenta este hecho y hacen referencia a cómo vivieron ellas esa etapa. Porque la regla no dejaba de ser “eso” tan desconocido y “sucio” que les tenía que pasar a todas, pero que nadie explicaba.
Gregoria
Por eso Gregoria habla de cómo han cambiado las cosas, pues ella, a pesar de que no tuvo ninguna información, sí habló a sus hijas sobre la regla. Desde luego son otros tiempos.

“A mi mi madre decirme… como yo a mis hijas que les he explicao lo de la regla, lo que pasa con los niños, o los muchachos, que quieren darte un beso y luego… otra cosa. A mí nunca me dijo na mi madre”
Y Teresa comenta: “A mí mi madre, a pesar de lo avanzá que era, no me dijo nada. Además, aquí estábamos mu separaos los muchachos y las  muchachas. Además éramos de acción católica y no íbamos ni al cine porque eran de TRES ERRE…, vaya que no nos juntábamos mucho como en las ciudades. No se decía na claro... A los homosexuales se les decía de la cáscara amarga, o sarasa,  esas cosas eran tabú"
No es extraño, que las muchachas escondieran sus primeras manchas e intentaran llevarlo en secreto, al menos en sus casas. Al final, la madre se enteraba de forma casual y a algunas lo que más les preocupaba era que los trapos manchados no estuvieran a la vista, que los hombres de la casa no los vieran.
Sin embargo se solía hacer público de forma indirecta eso de la niña ya es una mujer. Era una forma de hacer saber que la jovencita entraba en el mundo adulto y pronto sería una muchacha casadera.

“Ya eres mujer… eso sí se decía. También se decía a las vecinas y familia: ya mi niña ha rodao las escaleras. Como había la creencia de que con 12 años o 13 si no había rodao las escaleras eras machorra, entonces los padres lo daban a conocer porque podías tener hijos. Yo tenía casi 16 cuando rodé las escaleras y vaya si tuve que escuchar cosas de mis amigas sobre eso”.  
Manola hecha toda una jovencita
Todas las sociedades conocidas tienen ciertos tabúes y prohibiciones para esta etapa de la vida. La mayoría de estos tabúes tienen un origen antiguo, de cuando nadie podía dar explicaciones racionales, médicas o científicas a la realidad. El mundo mágico y la superstición sustituían a esas explicaciones, aunque para las personas que vivían en esa situación, podían ser tan ciertas, como para nosotros hoy en día cualquier diagnóstico médico. Esto es lo que comentaron todas sobre este particular.

“No lavarse la cabeza, ni los pies en agua fría, ni comer melón, no amasar ni entrar en la sala de amasar, ni las matanzas las podían hacer las mujeres… si estaban con la regla”.

Algunos de estos tabúes que explican nuestras protagonistas se relacionan con la comida, otros con la higiene, otros con las plantas… Todas recuerdan esas prohibiciones y las seguían a “rajatabla”. Además, las madres confeccionaban unos pañitos para esos días y enseñaban a las niñas a hacerse cargo ellas mismas de su lavado.
Manola lo explica de este modo:

“Tenía yo unos 11 años cuando me vino. Se asusta una… porque no te decían na. Había que coger unos trapitos pa que empapara. Porque entonces no había compresas ni de na de eso. Luego les poníamos agua y las soleábamos… Las bragas de tela y todavía las tengo de cuando me casé. Entonces no se entendía de na”.

María se dio un buen susto el día que le vino su primera menstruación. Y es que, en su caso, la madre se había excedido en sus miedos y los había traspasado a la otra hija mayor. Así lo cuenta ella:
“Ese día voy a campo y vengo con la regla. Mi madre le tenía dicho a mi hermana que yo era mu endeble y que no iba a resistir aquello. Porque era mu menuilla. Así que cuando me vi la sangre, fui a decírselo a mi madre y mi hermana empezó con un griterío: ¡que se muere, que se muere… Y yo asustá… y hasta que mi madre la tranquilizó, ¡vaya susto!"

miércoles

Isabel: la vida ahora es completamente diferente...

 Nací en el campo, cerca de Ubrique. Soy la más chica de cinco hermanos. Recuerdo que había un arbolito al lao de nuestra casa, que mi madre me decía que allí en ese arbolito me había dejado a mí la cigüeña. Eran las cosas de entonces…. Todavía voy por allí y veo el árbol y lo quiero yo muchísimo. Yo había hecho muchas cosas antes de venirme a Ubrique: cogía garbanzos, aceitunas, guardaba los pavos… ayudaba a mi padre en lo del carbón… he hecho de to…
A veces me pregunto cómo hacia yo todas esas cosas tan chica. En verano, que era cuando no había carbón, cogíamos garbanzos con tos mis hermanos; a eso se le llamaba ajustao, o sea, que se cerraba lo que íbamos a cobrar y la familia entera trabajábamos.
La trilla
 Pues me acuerdo que yo eran tan chica que se reían de mí porque iba detrás de la cuadrilla y lloraba muchísimo porque las manos se ponían fatal, de sangre… Y eso que mi madre nos hacia guantes de lona… Entonces pa curar las heridas, nos orinábamos en las manos. Y otra vez me pasó una cosa muy graciosa. Yo iba detrás de los pavos, porque era la más chica, la que hacia eso, y los animales señalaron y acorralaron una liebre... y yo me eché encima y cogí la liebre y llamé a mi hermano: ¡fulanito… que vengas a por la liebre, ven, ven… ¡ Y mi hermano vino y se la llevó…
Mi madre vendía las cosas de la huerta. Aquello era una casa en el campo, pero nosotros no éramos los propietarios. Era una cañá, y teníamos otras tierras arrendás. Al principio, mi padre sólo echaba carbón, pero luego, cuando ya nos vinimos al pueblo, echó una huerta. Mis dos hermanos trabajaban con él y mis hermanas y yo entramos en la fábrica. Yo ya tenía doce años. Mi hermana mayor era la que ayudaba más a mi madre en la casa. Ella no iba a trabajar a ningún sitio.
Grupo de hombres preparando la elaboración del carbón
Cuando `pienso en esos tiempo… la vida de ahora es completamente diferente. Pero vaya, cuando los jóvenes de ahora se quejan yo les digo que si hubieran vivido ellos aquello. Pero bueno, yo no tengo malos recuerdos, Éramos mu felices, porque no conocíamos otra cosa. No nos faltó de comer. Mi madre iba a donde está el pantano y se llevaba la burra cargá con lo que daba el tiempo: naranjas, granás… A mí me daba media naranja o media graná, porque se repartía según se trabajaba, a los más grandes que se los llevaban pa el campo. Entonces yo me las arreglaba pa sacar una graná o cualquier otra cosa… Te espabilabas… Ahora que cuando nos vinimos del campo todavía seguimos trabajando por las tardes, ayudando a mi padre en las faenas, cogiendo las cosas que él sembraba, to lo que mi madre vendía. Y el domingo había que ir a lavar pa tener la ropa limpia pa toa la semana. Entonces no se paraba de trabajar.
Isabel, la joven de la derecha, todavía adolescente
Entré en la fábrica con doce años, sin saber na.  Lo primero que me pusieron fue a rebajar, como pa aprender a hacer el almidón a hacer correíllas… lo hacías sola. Después cuando aprendí lo básico, me pusieron con un hombre. En esa fábrica eran tres aparceros. Yo salí de allí pa casarme. A mí me enseñaron a trabajar como a un hombre, como un oficial. Al casarme dejé el trabajo ese, pero en mi casa seguí con mis tareas sin parar.
Un taller de petacas (foto de autor desconocido)
http://www.urbanity.es/foro/edificios-en-general/13102-documentacion-grafica-ciudades-y-edificios-espanoles-50
Una de las fábricas de piel que aún quedan en Ubrique
En el verano entrábamos a las 7 y hasta las 3 de la tarde… y luego teníamos la tarea en la casa. En invierno salíamos a las 6 de la tarde, pero también seguíamos en casa con las tareas. No teníamos horario en la casa. No teníamos tiempo para el desayuno. Allí mismo en la mesa de trabajo comíamos como los pavos. Es que los dueños estaban allí, te miraban… Teníamos un jarrito de porcelana y llevábamos allí el café.
Jarrito de porcelana para el café (imagen tomada en el Museo de la Piel de ubrique)
Yo contenta, y la satisfacción de mis compañeros… Entonces teníamos ilusión, no es como ahora. Yo veía que ganaba dinero, que a los hombres les daban billetes de veinte duros. Yo decía: cuando yo gane un billete de veinte duros… y era pa darle el dinero a mi madre. Hasta la semana que me casé estuve así.

sábado

Manolo caracol - La niña de fuego 1947 (baila lola flores)


Mano Caracol:una de las estrellas de los años cincuenta; época en la que nuestras protagonistas eran niñas. La niña de fuego fue un éxito impresionante, en la voz de este cantante, junto con Lola Flores, compañera de sus espectáculos durante mucho tiempo.

viernes

El maquis: una historia real contada por Juan Pan Garcia

Me llamo JUAN PAN GARCÍA y nací en Algar , en 1943.
 No recuerdo nada de aquel día, sólo que me consta que mi madre no fue a trabajar. Pasé sólo 6 años en aquel pueblo. Más tarde me di cuenta de que había mucha hambre y la gente subsistía robando bellotas, aceitunas y algarrobas, o del contrabando y la caza furtiva.No había agua, la traían desde el río Majaceite, que pasa a unos cinco kilómetros del pueblo, en reatas de mulos cargados de cántaros, y la vendían a peseta cada uno. Tampoco había luz eléctrica para todos, sólo unos cuantos privilegiados podían pagarla, y las calles estaban iluminadas por apenas una docena de bombillas distribuidas por todo el pueblo. Recuerdo la vida del campo: la siembra, la siega, las eras donde trillaban el grano y las manadas de ganado.

Dicen que los niños no deben ver ciertas imágenes en la televisión o el cine porque pueden afectar gravemente a su sensibilidad, de ahí esas señales que aparecen en la pantalla de "Prohibido a menores de 13 años". Pues bien, hubo una serie de imágenes que quedaron grabadas en mi mente y que aún, sesenta años después de presenciarlas, acuden a mí tan reales y frescas como si fuesen de ayer:
El secuestro de Antoñito Sánchez Regordán, el hijo del propietario de las tierras donde vivía mi familia, también mi amigo y compañero de juegos cuando el tiempo se lo permitía.

Ese secuestro fue realizado por los Maquis, quienes según la propaganda que hacía el Gobierno eran bandoleros y salteadores de caminos. Las secuelas de aquel secuestro convirtieron aquel lugar en un infierno, y debido a las escaseces de alimentos y otras necesidades muchas familias se vieron obligadas a emigrar. Mi familia también.

Doce años más tarde, en julio del año 1962, me fui a Francia a buscar fortuna y en una empresa conocí a un grupo de hombres y mujeres españoles que tenían el estatuto de “Refugiados políticos”. Eran personas que habían huido de España al finalizar la guerra para evitar ser fusilados por militar en el bando perdedor. Entre ellos habían quienes habían luchado en el Máquis, y fue entonces que comprendí la falsedad de la propaganda oficial del Gobierno español en referencia a éstos. Me mostraron documentos que probaban que ellos no era un grupo de bandoleros y salteadores de caminos al estilo de Jose María el Tempranillo, sino que en realidad constituían los restos del Ejército Republicano, que intentaba desestabilizar al Régimen usando un sistema de atentados, escaramuzas y secuestros que más tarde imitarían los miembros de la Resistencia Francesa contra los invasores alemanes y los cubanos contra los EE.UU.

Hubo un par de ellos en la empresa que habían recorrido luchando la serranía de Ronda, eran los soldados de la Brigada de Combatientes Antifacistas Fermín Galán, y conocían la terrible historia del secuestro de mi amigo en mi pueblo. Durante el año largo que trabajé con ellos obtuve mucha información a través de sus relatos y los documentos que aportaban, los libros que leí contando una historia diferente a la que se publicaba en España, recortes antiguos de prensa, y el testimonio directo de los protagonistas me impulsaron a tomar notas de todo ello para contrastarlo hablando con los viejos a mi regreso a España.
No fue hasta 1982 que regresé a la provincia de Cádiz, y me dediqué a visitar todos los lugares que mencionaba en mis notas, a iniciar charlas con ancianos que habían vivido aquellos acontecimientos, y fue entonces que me decidí a escribir un libro con todos mis recuerdos y descubrimientos: La pista del Lobo.
Cuando secuestraron al niño se lo llevaron a la sierra, la masa verde y montañosa que va desde Algar hasta Algeciras, sesenta kilómetros al Sur, y hasta más allá de Ronda, otros tantos kilómetros al Este. Era materialmente imposible encontrarlo en medio de tan vasta y escarpada extensión de terreno; pero alguien tuvo la feliz idea de soltar al Lobo, el perro de Antoñito. En pocos minutos el animal encontró su pista, de ahí el título: La pista del Lobo.

Lo que pretendo al publicar esta novela es sacar a la luz una página negra de la historia de España que se intenta ocultar. Y no lo hago con el fin de hacer daño, hurgando en la herida o buscando culpables y responsabilidades, sino para evitar que historias como ésta se repitan.

La obra está registrada en el año 1986, pero no he podido publicarla antes por atender a los deseos de una persona entrañable que menciono en la novela, que temía que ésta reabriese las heridas en el pueblo y me hizo prometerle de no publicarla antes del día de su muerte. Así lo hice.

También me encontré con la oposición de la familia de los protagonistas, quienes aún no me han dirigido la palabra desde que la obra fue publicada hace dos años.

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Mapa de Fosas de la Guerra Civil en la provincia de Cádiz

El proyecto “Todas las Fosas”, surge con la intencionalidad de localizar e identificar el máximo de fosas con restos de represaliados del periodo surgido tras el golpe de Estado del 18 de Julio del 36 en el ámbito andaluz, nace como el primer paso para conseguir crear en nuestra Comunidad Autónoma unos lugares de memoria donde se encuentren estas fosas y por supuesto, llevar a cabo las exhumaciones de las mismas, en los casos que fuera posible.Después de tantos años de silencio y olvido de la sociedad y administraciones españolas, han sido las familias y personas comprometidas por corregir esta injusticia quienes siguen luchando por la dignidad y el recuerdo de aquellas personas que murieron víctimas de la barbarie y la sin razón que sumió a nuestro país en una larga noche de la que a algunos aún todavía les da miedo despertar.

Al igual que en las provincias de Sevilla y Huelva la investigación en Cádiz la llevó a cabo la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y justicia de Andalucía (AMHyJA).Para llevar a cabo la investigación se creó en la provincia de Cádiz un equipo compuesto por cinco miembros, en la que uno de los investigadores llevaría a cabo las labores de coordinación del equipo.El equipo de investigación del proyecto “Mapa de fosas –Cádiz” estuvo compuesto por los investigadores Sebastián Cauqui Sánchez, Alberto Pozo de los Ríos, José Ramón Torres Alcántara, Jesús Román Román y Sara Rebollo Tebas. Todos licenciados en Historia y con diferentes especializaciones, arqueología, Hª. Contemporánea, archivística y biblioteconomía.

De acuerdo con el catálogo elaborado por la Consejería de Turismo y Deporte de la Junta de Andalucía (27 de Marzo de 2003), en la provincia de Cádiz existen seis comarcas, las cuales son: Bahía de Cádiz, Campiña, Costa Noroeste, zona de la Janda , Sierra y Campo de Gibraltar. Debido a que el contexto de los acontecimientos histórico no fue uniforme en toda la provincia el equipo de investigación para hacer más asequible el trabajo dividió la provincia en cuatro zonas independientemente de las separaciones comarcales, asignándole a cada zona una letra, comprendiendo la zona A los siguientes pueblos y ciudades: Jerez de la Frontera, El Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda, Rota, Trebujena, Arcos de la Frontera, Paterna de la Rivera, Algar, Chipiona y San José del Valle. La zona B contó con Medina Sidonia, Alcalá de los Gazules, Puerto Real, Chiclana, Conil de la Frontera, Barbate, Cádiz, San Fernando y Benalup.
El pueblo de Algar
La Zona C consta de los pueblos siguientes: Alcalá del Valle, Algodonales, Benaocaz, Bornos, El Bosque, Espera, El Gastor, Grazalema-Benamahoma, Olvera, Prado del Rey, Puerto Serrano, Setenil de las Bodegas, Torre Alhaquime, Ubrique, Villaluenga del Rosario, Villamartín y Zahara de la Sierra. Por último en la zona D se encontraban los pueblos de Jimena de la Frontera, Castellar de la Frontera, Algeciras, Los Barrios, La Linea de la Concepción, San Roque y Tarifa. Para llevar a cabo la investigación y debido a los inconvenientes con los que nos encontrábamos decidimos plantearnos el siguiente método de trabajo de campo. La documentación con respecto a la localización de estos enterramientos es muy escasa, debido a esto recurrimos sobre todo a la MEMORIA de las personas, que por diferentes motivos, conocieran la existencia de éstos y que gracias a la información que nos proporcionaran se pudiera llegar a localizar las fosas comunes de la Guerra Civil.
Cortijo de Las Quintas de Algar
Las fuentes orales son especialmente válidas para el estudio de la represión durante el franquismo. Para recuperar esta información recurrimos a la toma de testimonios orales que se llevaban a cabo a través de entrevistas, además de los testimonios también se recogieron, si se pudo, documentos privados para así ilustrar mejor los testimonios.

Una vez recopilada la información y siempre que fue posible, se visitaron con los informantes los posibles lugares de inhumación, donde se pudo aportar datos que en la entrevista no habían sido mencionados, como referencias geográficas o toponímicas, acotación del terreno donde se situaría la fosa, etc. que igualmente era necesario recoger. En el lugar se procedió a la toma de fotografías y a la elaboración de un croquis en el que se reflejó la situación del enterramiento en relación al medio que lo rodeaba, plasmando toda esta información en una ficha tipo de trabajo de campo. Otro de los instrumentos que utilizamos fueron las ortofotografías digitales para geo-referenciar aproximadamente los lugares de enterramiento mediante coordenadas UTM.

A través de esta metodología el total de fosas localizadas en la provincia fueron 111, y están repartidas de la siguiente forma: En la zona A contamos con un número de 27 fosas, en la zona B contamos con 17 fosas, en la zona C con 44 fosas y en la zona D un número de 23 fosas, aunque existen posibilidades de siete fosas más en diversos lugares de dicha zona.En la zona A, la ejecución del proyecto correspondió al investigador de AMHyJA Alberto Pozo de los Ríos con el apoyo del también investigador de AMHyJA, Sebastián Cauqui Sánchez.En total se pudieron localizar el emplazamiento de 28 supuestas fosas en la Zona A, al tiempo que nos hemos aproximado de forma notable a la realidad de la represión franquista en esta zona de la provincia de Cádiz, si tenemos en cuenta las limitaciones técnicas y temporales de este proyecto. También pudimos recoger noticias acerca de otras asociaciones de memoria histórica, documentación archivística, bibliografía, lugares de fusilamiento y represión, así como monumentos de homenaje a las víctimas de la represión.Se puede concluir que existen fuentes orales, bibliográficas y archivísticas suficientes para poder realizar una reconstrucción histórica total de la represión franquista en municipios que componían la zona A.

En líneas generales la colaboración prestada por entidades públicas, colectivos de memoria histórica y personas privadas en la zona A, fue intensa y fundamental. Los principales obstáculos con los que nos fuimos encontrando en la zona A fueron la falta de tiempo y de medios técnicos para la ejecución de nuestra tarea.A continuación, referimos de forma general las conclusiones de nuestra investigación en la Zona A del “Proyecto Mapa de Fosas”. Para una información más completa es fundamental la consulta de los informes y materiales que componen esta investigación y que por su extensión se hace imposible detallar en este artículo.

En Jerez de la Frontera se han obtenido referencias de al menos cinco fosas.

En El Puerto de Santa María hemos localizado tres fosas.

Localizamos una fosa colectiva en el cementerio de Sanlúcar de Barrameda con un número indeterminado de personas inhumadas.

En la localidad de Rota localizamos tres fosas. También constatamos la existencia de un campo de concentración de prisioneros en esta localidad.

En Trebujena hemos localizado dos fosas, una colectiva y otra individual.

Arcos de la Frontera fue un importante núcleo de represión y en esta localidad hemos encontrado 6 fosas, aunque sospechamos que en su extenso término municipal puede haber muchas más.

En Paterna de Ribera contactamos con varios informantes y localizamos una única fosa en la que se encuentran inhumados los restos de 13 personas oriundas del pueblo y de sus inmediaciones.

Para Algar hemos determinado la existencia de una fosa en el cementerio municipal con un número indeterminado de personas inhumadas en ella.

En Chipiona localizamos una fosa dentro del municipio y disponemos de una lista de víctimas de la localidad, con aproximadamente una treintena de personas. Desconocemos si en la fosa de Chipiona se encuentran los restos de estas treinta personas o si hay personas procedentes de otros pueblos ya que la deslocalización de las víctimas fue una de las prácticas habituales en todas las poblaciones de la Zona A. En San José del Valle localizamos el emplazamiento exacto de cuatro fosas de represaliados así como la existencia de al menos dos campos de trabajos forzados y de retención de prisioneros en las inmediaciones de esta localidad.

En la zona B el investigador del proyecto fue José Ramón Torres Alcántara, y de su trabajo conseguimos los siguientes resultados.

En Medina Sidonia un número de cuatro fosas.

En Puerto Real tres fosas, dos en el interior del cementerio y la tercera en los muros exteriores del cementerio, en la parte izquierda, donde los fusilaban y los dejaban a la vista para que sirviesen de escarmiento a los contrarios al levantamiento.

En Chiclana tres fosas, todas en el antiguo cementerio de San Juan Bautista, dos de ellas bajo nichos, otra en un solar interior con árboles.

En Benalup se han localizado dos fosas y tres lugares de fusilamientos.

En Cádiz capital una gran fosa en el cementerio de San José y por último en San Fernando en el cementerio de la ciudad hay una fosa, en el caño de la Jarcia (muy cerca del penal de las cuatro torres) dentro del arsenal de la carraca, cementerio militar situado en los mixtos, por la vuelta afuera en fosas clandestinas, y en el cementerio de los ingleses en la playa de la casería. En total cuatro.

En la zona C, la más importante en cuanto al número de fosas encontradas, la investigación fue llevada a cabo por Jesús Román Román.

La relación de fosas encontradas en estos pueblos es la siguiente, en Alcalá del Valle, se ha localizado una fosa común dentro del cementerio. En Algodonales una fosa común dentro del cementerio con un número indeterminado de individuos.

En Benaocaz: se ha logrado localizar dos fosas comunes, una dentro del cementerio en la que estarían sepultados entre 17-19 personas. Otra en el Término Municipal, en el paraje conocido como la Manga de Villaluenga, con 3 individuos.

En Bornos:,dentro del cementerio se localiza una posible fosa común.

En el cementerio de El Bosque se localizaron y exhumaron 5 fosas comunes repartida a lo largo de los muros Sur y Oeste, y excavadas en las actuaciones arqueológicas de 2004 y 2005; igualmente por testimonios orales y reflejado en el informe de la Actividad Arqueológica de Urgencia efectuada por la Delegación de Cultura de Cádiz, se indica la existencia de otra fosa común que fue desmantelada durante la construcción de un bloque de nichos durante los años 70-80.

Dentro del Término Municipal de El Bosque se ha localizado otra fosa con 1 individuo en el paraje conocido como Fuente de Aguaturbia.

En Espera, se localizó una fosa común con tres individuos, que al parecer fue desmantelada y cuyos restos óseos fueron posteriormente sepultados bajo la cimentación de la sala de máquinas de la Finca San Antón, en el Término Municipal de Espera y en El Gastor, una fosa común en el cementerio y otra fosa con un solo individuo en el paraje conocido como La Fresnadilla, en el Término Municipal de El Gastor.

En Grazalema-Benamahoma se localizaron las siguientes inhumaciones, una fosa de grandes dimensiones en el cementerio de Grazalema, que según los testimonios orales, y tomando esta cifra como un umbral mínimo, estarían sepultados treinta y un individuos, ya que se conoce la existencia de dos sacas con catorce personas y otra con diecisiete.

Una fosa con un solo individuo en el paraje conocido como Fuente de la Ladera, en el Término Municipal de Grazalema-Benamahoma.

Fosa común con dos individuos en la zona conocida como Los Alamillos, Término Municipal de Grazalema-Benamahoma.

Fosa común con tres individuos en el paraje conocido como Monte Abajo, Término Municipal de Grazalema-Benamahoma.

Fosa común con diecisiete individuos, dieciseis mujeres y un niño, en el paraje conocido como Cañada de las mujeres, dentro de la Finca El Retamalejo. Término Municipal de Grazalema-Benamahoma. Señalar que cerca de la fosa común situada en la Cañada de las mujeres, en la finca El Retamalejo dentro del T.M. de Grazalema se encuentra otra fosa con dos personas –un tal (a) Tío Fraile y su esposa- de Grazalema,

Una fosa común de grandes dimensiones en el cementerio de Benamahoma, con al menos veinte individuos de distintas localidades próximas.

Otra fosa común con dos individuos en el paraje conocido como Era del Tarazón, Término Municipal de Grazalema-Benamahoma.

En Olvera, una fosa común de grandes dimensiones y otra con un número indeterminado de individuos, en el paraje conocido como Los Toriles dentro de la Finca La Laina, en el Término Municipal de Olvera.

En Prado del Rey, una fosa común con un mínimo de doce individuos en el lugar conocido como La Pinaleda en el Término Municipal de Prado del Rey y otra con un individuo en El Calvario, Término Municipal de Prado del Rey.

Fosa con al menos 1 individuo en la cuneta de la CA-7103, frente a la finca Los Clavijos, Término Municipal de Prado del Rey y otra fosa en la pared trasera de la Ermita que está más cercana al cementerio (Ermita Nueva), entre esa pared y lo que actualmente es un seto de pinos. En esta fosa hay un mínimo de tres víctimas inhumadas.

En Puerto Serrano se localizó una fosa común con dos individuos en el cementerio.

En Torre Alháquime un total de siete fosas, una fosa común con un número mínimo de tres individuos en el cementerio de la localidad, una fosa con un solo individuo en El Rodeo, casco urbano de Torre Alháquime, dos fosas comunes en el paraje conocido como la Chopaleda en el Término Municipal de Torre Alháquime, una con dos individuos (en la Finca Las Hurecas) y otra fosa común en la que se encontrarían entre diez y doce individuos, fosa con al menos un individuo en La Rabia, Término Municipal de Torre Alháquime y por último una fosa con un individuo, exhumado, en Vereda Ancha, actualmente una calle del municipio.

Por último en Ubrique se han localizado dos fosas comunes, en Villaluenga del Rosario tres fosas, en Villamartín una fosa de grandes dimensiones en el interior del cementerio con un número indeterminado de individuos. Y otra en la zona de la Ermita de la Virgen de las Montañas, Término Municipal de Villamartín.

Para finalizar esta zona C decir que en Zahara de la Sierra no se ha conseguido localizar ninguna fosa pero por testimonios orales se conoce la existencia de este tipo de enterramiento en el cementerio de la localidad.

Por último en la zona D, investigada por Sara Rebollo Tebas, los resultados han sido los siguientes.

En Algeciras se ha localizado una fosa en el cementerio viejo de Algeciras con un número mínimo de catorce víctimas inhumadas.

En Algeciras cabe la posibilidad de la existencia de seis posibles fosas más que no han podido ser localizadas por la escasez de medios materiales y temporales para la investigación.

En Castellar de la Frontera hemos podido localizar dos fosas, una de seis a ocho personas, situada en la dehesa “el olivar” en un lugar denominado “el palancar” y otra situada en el cementerio de Castellar Viejo, de ocho personas pasando el castillo.

En Jimena de la Frontera se localizaron tres fosas, fosa de la Cruz Blanca con cuatro personas, fosa cementerio viejo (castillo), con un número indeterminado de fusilados, pero con un mínimo de veinte víctimas y una fosa en la carretera a San Pablo de Buceite con tres personas.

También hemos tenido constancia de dos posibles enterramientos más pero por lo inaccesible del terreno y otras complicaciones, falta de medios y de tiempo principalmente, no se han podido concretar.

En Los Barrios hemos localizado una fosa situada en el antiguo cementerio que había dentro del casco urbano y que se trasladó en 1976 a las afueras del pueblo, en la actualidad es el Parque Blas Infante, en remodelación en estos momentos, según testigos la fosa sigue allí, no se cambió al otro cementerio. El número de personas en la fosa es indeterminado, aunque podemos cifrar en trece el número mínimo de víctimas que se encuentran inhumadas en la misma.

En la Línea de la Concepción se localizó de forma vaga una fosa común dentro del cementerio, los datos eran contradictorios y escuetos, estaría en el patio norte, pero es un dato muy vago y sin muchos testimonios, por la falta de tiempo dado a la investigación.

En San Roque hemos localizado diez posibles enterramientos. Por último en Tarifa se localizaron cinco posibles enterramiento.

En conclusión y a modo de valoración general decir que a juicio del equipo que se ha encargado de esta provincia las mayores limitaciones han estado en la escasez de tiempo y medios técnicos para profundizar en el trabajo de campo.

Destacar que consideramos fundamental que se llene de contenido documental, mediante investigaciones en Archivos históricos especializados y en aquellos archivos privados que se puedan localizar, todo el caudal de información que hemos obtenido en estos meses de trabajo. De la misma forma consideramos indispensable la práctica de sondeos y prospecciones arqueológicas en aquellos lugares en los que sea más factible su ejecución. Consideramos que es posible la reconstrucción histórica y el conocimiento científico de la represión en la provincia de Cádiz durante la Guerra Civil y el franquismo, pero para ello son indispensables más recursos económicos, más recursos técnicos, más recursos humanos y más recursos temporales.

Por ello pensamos que la investigación sólo acaba de comenzar y está dando sus primeros frutos, se ha ido perfeccionando el sistema de trabajo, ya que no existía un trabajo similar en este campo de la investigación.

Sería oportuno una segunda fase del Proyecto: Mapa de Fosas, donde se pudiera concretar una serie de datos interesantes para la investigación: una localización más exacta de algunas fosas, de las que, en algunos casos, se tienen testimonios orales e incluso escritos, pero que por la falta de tiempo, la amplitud del trabajo desarrollado y otros factores no ha sido posible ubicar. Número de individuos en cada una de ellas, realizando no solo una labor de campo sino también investigaciones en archivos que nos pueda proporcionar los nombres de los que yacen en estos enterramientos así como la localización de nuevas fosas que en esta primera fase no hemos podido constatar.

Para ello, señalar que se ha establecido un equipo de investigación con una experiencia adquirida a lo largo de la misma, se ha creado una red de colaboradores e informantes, se ha aprendido de los errores y se ha ido creando un método de trabajo útil para la investigación.

Otras de las principales dificultades, es la accesibilidad a las personas que guardan en su memoria esta información, para ello se hace necesario la colaboración de Ayuntamientos así como de otras instituciones. En este sentido, hemos de decir que algunos Ayuntamientos han sido indiferentes ante nuestra solicitud de ayuda para la investigación, sobre todo en las áreas de las concejalías de Cultura y Asuntos Sociales sobre la que recaía nuestra petición de ayuda, pero también otros organismos han sido indiferentes como Centros de Día, Residencias de Mayores o Partidos Políticos.

Pero esto no ha sido lo predominante y una gran mayoría de ellos han colaborado, algunos activamente, en otros casos han colaborados personas desinteresadamente, familiares de las victimas, historiadores-investigadores que han facilitando en gran medida la investigación aunque siempre se tiene alguna experiencia desagradable con personas que no son sensibles al tema investigado y cuya ideología intolerante ha provocado algún enfrentamiento.

Se ha echado en falta una mayor comunicación entre organismos oficiales, que hubiera hecho más fácil el trabajo de campo y ahorrado tiempo, así como con algunos partidos políticos sensibles a esta materia.

Igualmente ha faltado información a nivel provincial, comarcal y local. Hubiera sido interesante haber informado a la población de lo que se estaba haciendo a través de los medios de comunicación, tanto a nivel provincial como a nivel local e incluso con la colaboración de los ayuntamientos mediante bandos municipales o sesiones informativas.Este artículo ha sido elaborado por Sebastián Cauqui Sánchez ha través de la información recogida por el equipo de investigación del proyecto: Mapa de Fosas en la provincia de Cádiz, formado por el propio Sebastián Cauqui Sánchez, Alberto Pozo de los Ríos, José Ramón Torres Alcántara, Jesús Román Román y Sara Rebollo Tebas.

Jerez de la frontera, 15 de enero de 2009.

Recuerdos de Manola: Mi madre cosía... hasta de un paraguas nos hacia faldas

Manola en primer término de perfil
Yo recuerdo que desde los siete años, aunque tengo una pierna mala desde que tenía unos meses, me llevaba la ropa a solearla… Me llevé tres años yendo y viniendo, con mi clarilla y mi taco jabón, a un pozo que tenía tres pilas. Y a los ocho años me fui a un rancho… a servir y yo lloraba muchísimo. La señora sólo quería guisos de patatas con cebollitas… y yo le cuidaba a los niños, limpiaba la casa… Tres pesetas, dos cincuenta., más o menos es lo que me pagaban...
A mi padre lo mataron en la guerra. Tenía 24 años. Estaba trabajando, escorchando, cerca de Arcos, eso era antes del Movimiento. Dicen que iban a los cortijos con las escopetas y to eso… Pues un día fue un tío mío… pero mi padre no fue y una noche se presentó la guardia civil buscando a mi tío y cogieron a mi padre y lo trincaron. Lo tuvieron tres meses en la cárcel... nosotras éramos pequeñas. Teníamos cuatro, dos años… y yo dos meses. Lo sacaron pa matarlo. Lo mataron en un olivar, a la vera de Arcos, en la carretera de Algar. 
Cartel publicitario Guerra Civil
A mi madre le ayudaron mucho después de to eso...Le dieron una mula pa que fuera a lavar, porque mi abuela vino por comestible desde la sierra y le quitaron la yegua porque pensaban que la iba a utilizar para llevar comida a la sierra, a los que estaban escondios... los maquis. Entonces mi madre tenía a la yegua pa ir a lavar al chorrillo. Mi madre cosía, hasta de un paraguas nos hacia faldas. Mis hermanastras se llevan seis meses conmigo y nos llevaba en el serón a mis hermanas y a mí... y allí ponía la panera y to lo que necesitaba pa el lavao… en fin, pero tenía que cuidar que no se le escapara la yegua pa que no creyeran que se la daba a mi abuela. Gracias a Dios nos ayudaron mucho y no pasamos hambre. Total, que mi madre, que tenía veinticuatro años, se quedó viuda, y entonces, como no había pagas ni na de eso, pues se tuvo que casar otra vez. Mi madre trabajaba en la calle, en la casa del médico de Algar… hasta que se casó otra vez.  Nosotros teníamos dos habitaciones. Dormíamos unos pa´rriba y otros pa´bajo. Mis padres en su cama en su habitación. Cuando fueron mayores se echaban los colchones al suelo, o los catres… y así nos hemos criao… diez hermanos y ellos dos doce personas. Yo muy feliz. 
Mujeres y niñas lavando en un arroyo
Del colegio me llevaron a hacer la comunión a Algar. Ese colegio era un comedor que nos daban de comer a tos los niños que se habían quedao sin padres.  
Comedor de Auxilio Social
Allí nos hacían lentejas cada día. Ya no las quiero ni ver. Azúcar moreno, un pan que era maíz puro... Mi madre, del babi del médico, me hizo un vestido. Nosotras no jugábamos... En vísperas de reyes, hacíamos unas muñecas de trapo con los pelitos de lana y los vestiditos… pero jugar no. No había tiempo...
Mi madre era mu trabajadora y nos tenía a toas horas pintando, haciendo escobas pinceles, sopladores de pleita, pa soplar las candelas, pa la basura, to eso de pleita…no parábamos.

soplador de pleita
 Nosotras, mis hermas… toas hemos trabajao en la calle. En Ubrique he estado veinticuatro años trabajando en una casa por la mañana, y en otra por la tarde. Pintaba también las casas, hacia las matanzas, planchaba… Mi madre nos enseñaba a coser por las tardes. Como nos levantábamos temprano, cuando dábamos de mano, a las cinco o las seis, ahora con las tardes largas se sentaba con nosotras en la puerta de la casa y venga, a tomarnos media. 
Niñas y mujeres, cosiendo
Una cosía a máquina, que teníamos una máquina de mano. La otra hilvanaba… cada una hacia una cosa. Compraba las telas en la casa de Tamallo en Arcos y hacíamos los trajes pa la feria y to. Ella hacia los patrones y lo cortaba to.. Entonces se aprovechaba to. Se volvían los cuellos, los camisones, los puños, los pantalones, les echábamos los culos, los bajos, muchos remiendos hacíamos…y así nos hemos criao. Zurcíamos las sábanas, los laos que estaban mejor se les ponían en la parte más gastá, eso era poner piezas.
Antigua máquina de coser
¿Qué comíamos…? Cocido tos los días. Mi padre era capataz de puercas. Se mataba dos veces en el año. Por la mañana tomábamos sopa y una poquita pringá. Por la tarde la comida: calabaza, papas, coles, arroz, garbanzos, berza, Eso era tos los días. A veces pasaba el pescaero y se compraba un poquito pescao. Cuando no, un gazpacho fresco, una botella con el gazpacho y eso era la merienda cuando estábamos en el trabajo. 
Gachas, chorizos y torreznos: comida en el campo
Yo he hecho de to: he cogió maiz, aceituna, remolacha… he hecho de to de to…
Recogida de aceituna
Mis padres, cuando venia una visita decían: niñas ¿habéis acabao…? Nos echaban fuera pa poder hablar ellos de lo que fuera. Entonces no nos decían na. Cuando tenían más edad, mis hermanas mayores se fueron a Jerez a servir. Yo estuve también en la calle doña Blanca, con una familia con nueve niños. Yo los arreglaba, los llevaba al colegio, arreglaba la ropa y los zapatos de noche… Primero estuve en jerez y luego ya en Ubrique. 
Niñera joven de paseo. FUENTE: http://gatosbizcos.blogspot.com/
Tendría yo unos catorce o quince años. Cuando yo subía a la azotea a tender la ropa y miraba lo lejos que estaba yo de mi casa. ¡Ay, Dios mío, que lejos…. Me ponía a llorar… No me gustaba. Después tuve mu mala suerte. Tuve varias mujeres inválidas y yo sólo me acordaba de mi madre… pero no tengo queja de cómo me trataban. Gracias a Dios. To lo que se ganaba se mandaba pa ellos. 
Yo de mi infancia no recuerdo na malo. El señorito me regaló lana porque yo no podía dormir con mis hermanas, porque tenia la pierna mala, me hacían sandalias especiales para mi porque las san dalias de goma no podía con mi pierna. Tenia mi cama pa mí sola… ni pasamos hambre ni estuvimos en cueros. La verdad.