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El maquis: una historia real contada por Juan Pan Garcia

Me llamo JUAN PAN GARCÍA y nací en Algar , en 1943.
 No recuerdo nada de aquel día, sólo que me consta que mi madre no fue a trabajar. Pasé sólo 6 años en aquel pueblo. Más tarde me di cuenta de que había mucha hambre y la gente subsistía robando bellotas, aceitunas y algarrobas, o del contrabando y la caza furtiva.No había agua, la traían desde el río Majaceite, que pasa a unos cinco kilómetros del pueblo, en reatas de mulos cargados de cántaros, y la vendían a peseta cada uno. Tampoco había luz eléctrica para todos, sólo unos cuantos privilegiados podían pagarla, y las calles estaban iluminadas por apenas una docena de bombillas distribuidas por todo el pueblo. Recuerdo la vida del campo: la siembra, la siega, las eras donde trillaban el grano y las manadas de ganado.

Dicen que los niños no deben ver ciertas imágenes en la televisión o el cine porque pueden afectar gravemente a su sensibilidad, de ahí esas señales que aparecen en la pantalla de "Prohibido a menores de 13 años". Pues bien, hubo una serie de imágenes que quedaron grabadas en mi mente y que aún, sesenta años después de presenciarlas, acuden a mí tan reales y frescas como si fuesen de ayer:
El secuestro de Antoñito Sánchez Regordán, el hijo del propietario de las tierras donde vivía mi familia, también mi amigo y compañero de juegos cuando el tiempo se lo permitía.

Ese secuestro fue realizado por los Maquis, quienes según la propaganda que hacía el Gobierno eran bandoleros y salteadores de caminos. Las secuelas de aquel secuestro convirtieron aquel lugar en un infierno, y debido a las escaseces de alimentos y otras necesidades muchas familias se vieron obligadas a emigrar. Mi familia también.

Doce años más tarde, en julio del año 1962, me fui a Francia a buscar fortuna y en una empresa conocí a un grupo de hombres y mujeres españoles que tenían el estatuto de “Refugiados políticos”. Eran personas que habían huido de España al finalizar la guerra para evitar ser fusilados por militar en el bando perdedor. Entre ellos habían quienes habían luchado en el Máquis, y fue entonces que comprendí la falsedad de la propaganda oficial del Gobierno español en referencia a éstos. Me mostraron documentos que probaban que ellos no era un grupo de bandoleros y salteadores de caminos al estilo de Jose María el Tempranillo, sino que en realidad constituían los restos del Ejército Republicano, que intentaba desestabilizar al Régimen usando un sistema de atentados, escaramuzas y secuestros que más tarde imitarían los miembros de la Resistencia Francesa contra los invasores alemanes y los cubanos contra los EE.UU.

Hubo un par de ellos en la empresa que habían recorrido luchando la serranía de Ronda, eran los soldados de la Brigada de Combatientes Antifacistas Fermín Galán, y conocían la terrible historia del secuestro de mi amigo en mi pueblo. Durante el año largo que trabajé con ellos obtuve mucha información a través de sus relatos y los documentos que aportaban, los libros que leí contando una historia diferente a la que se publicaba en España, recortes antiguos de prensa, y el testimonio directo de los protagonistas me impulsaron a tomar notas de todo ello para contrastarlo hablando con los viejos a mi regreso a España.
No fue hasta 1982 que regresé a la provincia de Cádiz, y me dediqué a visitar todos los lugares que mencionaba en mis notas, a iniciar charlas con ancianos que habían vivido aquellos acontecimientos, y fue entonces que me decidí a escribir un libro con todos mis recuerdos y descubrimientos: La pista del Lobo.
Cuando secuestraron al niño se lo llevaron a la sierra, la masa verde y montañosa que va desde Algar hasta Algeciras, sesenta kilómetros al Sur, y hasta más allá de Ronda, otros tantos kilómetros al Este. Era materialmente imposible encontrarlo en medio de tan vasta y escarpada extensión de terreno; pero alguien tuvo la feliz idea de soltar al Lobo, el perro de Antoñito. En pocos minutos el animal encontró su pista, de ahí el título: La pista del Lobo.

Lo que pretendo al publicar esta novela es sacar a la luz una página negra de la historia de España que se intenta ocultar. Y no lo hago con el fin de hacer daño, hurgando en la herida o buscando culpables y responsabilidades, sino para evitar que historias como ésta se repitan.

La obra está registrada en el año 1986, pero no he podido publicarla antes por atender a los deseos de una persona entrañable que menciono en la novela, que temía que ésta reabriese las heridas en el pueblo y me hizo prometerle de no publicarla antes del día de su muerte. Así lo hice.

También me encontré con la oposición de la familia de los protagonistas, quienes aún no me han dirigido la palabra desde que la obra fue publicada hace dos años.

http://juan-lapistadellobo.blogspot.com/

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