La hija de Rafaela: Manuela, le dedica este sentido poema a su madre, a la que admira profundamente.
martes
Poema a Chipiona
En este video podemos escuchar las palabras emocionadas de Rafaela. El poema que un día escribió recordando sus orígenes, hoy lo comparte con la gente de su pueblo, con la fuerza y la emoción que es capaz de contagiar al público asistente.
lunes
Homenaje a Rafaela en su pueblo: Chipiona
El pasado jueves, día 2 de febrero, se celebró en Chipiona un acto poético en el que participaron mujeres de varios pueblos de la provincia de Cádiz, entre ellos, Ubrique. Pero lo que habría que destacar de este evento, por su importancia sentimental, es el homenaje que se le tributó a Rafaela, una de las mujeres de la Asociación Preformación. Rafaela nació en Chipiona y vivió allí durante su infancia y parte de su juventud, hasta que se instaló en nuestro pueblo, cuando apenas tenía 18 años. Como ella misma cuenta en su historia, relatada en este mismo blog, se casó en Ubrique y fundó una gran familia de la que se siente muy orgullosa. Fue una tarde llena de cariño y emociones, parte de las cuales quedan reflejadas en este pequeño montaje. La voz de Rocio Jurado sirve de fondo musical y aviva la nostalgia de un tiempo perdido.
miércoles
Mª Luisa hilvanando recuerdos de infancia
Hoy he pasado por donde estaba la huerta de mis padres. Aunque la entrada haya cambiado, porque allí han edificado una casa, reconozco muy bien donde estaba. Desde que mi padre la vendió hace ya 40 o 50 años…¡Ha pasado mucho tiempo!
Recuerdo que mi padre venía por las mañanas temprano con la carga en la burra. Traía acelgas, coles, lechugas, rábanos , alcachofas, calabazas, pimientos, tomates, cardos, judías verdes y mucha variedad de fruta., como nísperos japoneses, nísperos de verano, naranjas, limones, sandías, melones, ciruelas de muchas clases, damascos, membrillos, granadas… En fin, que las huertas eran grandes y mi padre trabajaba desde el amanecer hasta que se ponía el sol y mis hermanos le ayudaban.
Había allí una cochinera para criar los cerdos y todos los años se hacía la matanza de dos. También sembraba maíz. Recuerdo que nos poníamos a desgranar las mazorcas en la planta de arriba de la casa, para después echárselas a los cerdos. Todo esto me trae muy buenos y bonitos recuerdos.
También recuerdo muchas veces que mi hermana Estrella me llevaba a una escuela, la mestra se llamaba Isabel Becerra. Aquello era una casa particular. Supongo que ella vivía allí. Tenia una entrada y luego estaba lo que le llamaban el cuerpo de casa, o sala de estar. Había una mesa camilla y cuando llovia o hacia frio nos sentábamos todas en nuestra sillita alrededor de la mesa. También tenia un patio y allí jugábamos. Al final del patio había una sala con una pizarra y aprendíamos canciones . Yo será muy chica, porque no recuerdo bien todo. Sería como una guardería.
De este sitio me llevaron a las monjas y allí había de todas las edades. Era una sala grande y para entrar, teníamos que pasar por una más pequeña que estaban los más chicos. En esa escuela aprendí todo lo básico.
Por las mañanas teníamos escritura, dictado, aritmética,
geografía y dibujo. Por la tarde hacíamos labores: vainica, punto de
cruiz… mientras rezábamos el rosario.
Algunas tardes salíamos al recreo y de vez en cuando de excursión, a dar un paseo por el campo.
Recuerdo que jugábamos mucho en la calle, con las amigas. Los juegos eran: el yo-yo, el tocade, a botar la pelota, saltar la comba, a las prendas, cantando canciones como Antón pirulero, Donde están las llaves, etc. Dentro del corro bailábamos, mientras las demás cantaban, con las manos en la cintura, la que salía sacaba a otra y volvía al corro y así sucesivamente, todas salían a bailar. Lo pasábamos muy bien. Cuando había que recogerse decíamos:
- ¿Qué hay en la plaza?
- ¡Calabaza!
- ¿Y qué tiene dentro? ¡Pepitas!
- Pues cada una a su casita
- ¿Qué hay en la plaza?
- ¡Perejil!
- Pues cada una a su casita a dormir
Nuestras madres nos enseñaban a fregar los platos, a barrer, a quitar el polvo, a cocinas, a coser a hacer recados… de todo.
En verano, con el buen tiempo y la falta de lluvia, los hortelanos iban a regar a la huerta Entre ellos se arreglaban para que todos pudieran disponer del agua suficiente. Mi madre le bajaba la comida a mi padre en un canasto y a mi me gustaba ir con ella.
Llevábamos una sombrilla para que no nos diera mucho el sol y allí comíamos los tres en el porche de la casa, a la sombra de la parra, con un níspero grande que había al lado. A mi me gustaba subir por unas escalera de madera al soberao de la casa y allí había algarrobas para los cochinos, pero a mi me gustaba comerlas, aunque me madre me reñía:
¡Anda, hija, no te comas eso…!
Recuerdo que mi padre venía por las mañanas temprano con la carga en la burra. Traía acelgas, coles, lechugas, rábanos , alcachofas, calabazas, pimientos, tomates, cardos, judías verdes y mucha variedad de fruta., como nísperos japoneses, nísperos de verano, naranjas, limones, sandías, melones, ciruelas de muchas clases, damascos, membrillos, granadas… En fin, que las huertas eran grandes y mi padre trabajaba desde el amanecer hasta que se ponía el sol y mis hermanos le ayudaban.
Había allí una cochinera para criar los cerdos y todos los años se hacía la matanza de dos. También sembraba maíz. Recuerdo que nos poníamos a desgranar las mazorcas en la planta de arriba de la casa, para después echárselas a los cerdos. Todo esto me trae muy buenos y bonitos recuerdos.
También recuerdo muchas veces que mi hermana Estrella me llevaba a una escuela, la mestra se llamaba Isabel Becerra. Aquello era una casa particular. Supongo que ella vivía allí. Tenia una entrada y luego estaba lo que le llamaban el cuerpo de casa, o sala de estar. Había una mesa camilla y cuando llovia o hacia frio nos sentábamos todas en nuestra sillita alrededor de la mesa. También tenia un patio y allí jugábamos. Al final del patio había una sala con una pizarra y aprendíamos canciones . Yo será muy chica, porque no recuerdo bien todo. Sería como una guardería.
Algunas tardes salíamos al recreo y de vez en cuando de excursión, a dar un paseo por el campo.
Recuerdo que jugábamos mucho en la calle, con las amigas. Los juegos eran: el yo-yo, el tocade, a botar la pelota, saltar la comba, a las prendas, cantando canciones como Antón pirulero, Donde están las llaves, etc. Dentro del corro bailábamos, mientras las demás cantaban, con las manos en la cintura, la que salía sacaba a otra y volvía al corro y así sucesivamente, todas salían a bailar. Lo pasábamos muy bien. Cuando había que recogerse decíamos:
- ¿Qué hay en la plaza?
- ¡Calabaza!
- ¿Y qué tiene dentro? ¡Pepitas!
- Pues cada una a su casita
- ¿Qué hay en la plaza?
- ¡Perejil!
- Pues cada una a su casita a dormir
Nuestras madres nos enseñaban a fregar los platos, a barrer, a quitar el polvo, a cocinas, a coser a hacer recados… de todo.
En verano, con el buen tiempo y la falta de lluvia, los hortelanos iban a regar a la huerta Entre ellos se arreglaban para que todos pudieran disponer del agua suficiente. Mi madre le bajaba la comida a mi padre en un canasto y a mi me gustaba ir con ella.
Llevábamos una sombrilla para que no nos diera mucho el sol y allí comíamos los tres en el porche de la casa, a la sombra de la parra, con un níspero grande que había al lado. A mi me gustaba subir por unas escalera de madera al soberao de la casa y allí había algarrobas para los cochinos, pero a mi me gustaba comerlas, aunque me madre me reñía:
¡Anda, hija, no te comas eso…!
Canciones de cuna
Varias tardes disfrutamos del gusto y la memoria musical de nuestras compañeras de taller, y escuchamos varias nanas, a cual de todas más tiernas y hermosas. Aunque con nervios y la voz temblorosa, María Rios se lanzó y luego le siguió Mª Luisa.
La larga espera
Durante años, mientras las jóvenes esperaban al hombre de su vida y la celebración de la boda que las uniría a él para siempre, se afanaban con las labores: el croché, los encajes de bolillos, los bordados y la confección del ajuar. Costumbres que se han dado en muchas culturas y diferentes épocas.
martes
Parirás con dolor: el cumplimiento de un mandato mítico
Dar a luz... Nuestras mujeres vivieron esta experiencia en épocas distintas, ya que sus edades son muy dispares. Entre Leonor, una mujer de 85 años, y Mª Luisa, que está en la década de los sesenta, por ejemplo, hay veinte años de diferencia; suficientes, como para que los partos de una y otra se hicieran en unas condiciones diferentes. Los recursos y las prácticas sanitarias habían cambiado. La primera tuvo a la mayoria de sus hijos en los años cincuenta, en la casa familiar, ayudada por una comadrona; sin embargo, en la época de Mª Luisa, los años setenta, las mujeres iban a parir al hospital más cercano. De todo hay en el grupo, incluso las que ni siquiera necesitaron a una persona titulada, como es el caso de Manola. Durante siglos esa fue la práctica habitual: la casa, una mujer más o menos entendida, y más tarde, una matrona con una cierta formación teórico-práctica. De hecho, el hospital se consideraba el lugar menos indicado para este acto que todas las mujeres aceptaban como algo totalmente natural, para el que sus cuerpos estaban perfectamente preparados.
| Parto en la época medieval |
Las que asistieron a las sesiones en las que tratamos este acontecimiento, nos relatan todo lo relacionado con su experiencia: el proceso del parto, el lugar, los acompañantes, las prácticas higiénicas, etc.
Pilar: Sin saber yo… fíjate que inocencia… que no sabía ni como venían los niños. Fui de viaje de novios a El Corpus de Granada. Tuve suerte que antes no se iba a ningún sitio. Pues nada, que empecé… “Yo estoy más mala…” como cuando está una empachá y más abajo, allí en la misma finca, una vecina que vivía en un chozo y le digo: “Mira ¿no tienes tú los chocolates esos de purgantes que se le daban a los niños…? Ella me dijo… “Yo sí que tengo, pero mira: te la doy, pero si tienes dudas de algo, no te lo vayas a tomar” El chocolate lo puse en una tacita, en un chinero que yo tenía, y allí puse el chocolate, porque aquello fue p´lante… Pero… ¿Te das cuenta de no saber…? Enseguía te daban el purgante…
M. Luisa: Cuando tuve el primero me estuve diez días ingresá. Cinco días esperando, con dolores y sin poder levantarme, porque no me dejaban. Al quinto día me puse que era el colmo. Me pusieron en una sillita de ruedas, pero me ponen en una camilla en la sala de partos y me dejaron sola. Yo no sabía na de na así que allí mojadita, to el jugo que tenía pa nacer el niño se me salió. El camisón estaba chorreando. Aguas y todo. Mu mal recuerdo. Si a mí me cogen en estos tiempos yo denuncio el caso, porque entonces nos tenían asustás. No nos podíamos quejar, ni gritar, ni na. Nos decían: “Claro, cuando estabas haciéndolo no te dolía na. Eso decían las matronas. Me dejó toa la noche y entonces por la mañana, antes de que entraran los médico,s se liaron las matronas y ¡me decían de cosas! Asustándome… que me iban a poner los fórceps, que si esto, que si lo otro... Así que yo vi el cielo abierto cuando vi al médico. A ellas les cayó mu mal cuando le dije al médico que me alegraba que viniera. Hasta me hicieron un hematoma grandísimo y estuve cinco dias más con el niño.
Gregoria: Yo tuve a mi niña en La Maternidad de Sevilla, porque entonces trabajaba allí mi marío y alquilamos una habitación para estar cerca cuando naciera. Luego tuve otro embarazo, pero se me murió la criatura. Cuando ya estaba de ocho meses, fui a Ronda porque estaba mu hinchá, mu hinchá, y me mandó unas pastillas pa orinar. Tenía que orinar en la escupidera. En dos días me quedé sequita, desidratá. Entonces fui al médico de aquí, Don Diego, y él me dijo que la niña estaba muerta. Un palo grande, la verdad. El médico me dijo: “Si mañana si a las 8 de la mañana tú no te has puesto mala, te vienes”. Pues yo no me puse mala. Así que nos vamos a maternidad me metió en el borriquete, me pusieron dos goteros, y estuve cinco horas apretando en el borriquete. Nació muerta y con una dificultad que nunca he sabido lo que era. Yo lloraba mucho, pero el médico me dijo: “No llores, que Dios sabe qué ha hecho contigo”. Al otro día me fui a ca mi madre y a los tres días me vino una embolia y me llevaron a Jerez, luego al Puerto de Sta. María. El director no quería que saliera de allí, aunque era una clínica que tenía mala fama. Mi hermano quería llevarme a Cádiz, que tenía buena gente. Tuvieron que ir a Don Francisco, luego al Instituto Nacional de Previsión, que había un hombre que había hecho la guerra con mi padre y se conocían. Al final me llevaron a ese hospital y yo inconsciente. Me vio un médico de Sevilla y me dijo que había que llevarme al Rocío de Sevilla. Me llevaron inconsciente (estuve así 19 días) Allí fue donde empecé a sangrar y a chillar y eso me salvó. Había médicos que no me querían tocar…. Me quedó la mano mal y llevo 34 años y aquí estoy.
Mª Teresa: Mis embarazos primeros bien. Después tuve una niña y estuve muy mal. No nacía, los dolores se me fueron. En la Maternidad mi madre se plantó con el médico y la matrona, que era de aquí: Mariquita. Las dos me llevaron a Jerez. Luego, con el otro embarazo, tuve también una hemorragia y unos calenturones… La niña no contaban con ella. Yo la acompañaba (dice Pilar) y le dije al médico que no la dejaran sola. Estuvo toda la noche y no le hacían caso. Esa fue en la segunda.
Leonor: Yo nací en el año 25. Tengo 85 años desde Enero. Os voy a contar el parto de mi madre, cuando yo nací. Ella me lo contó a mí y por eso sé tantos detalles.
Yo soy mu nerviosa… mu dinámica… y mi madre me decía: “Mi hija es como nació”. Resulta que los antiguos siempre estaban peleaos… Bueno, yo nunca los vi juntos a mis padres. Un matrimonio como el mío no. Nunca los vi juntos hacerse ni una caricia y somos siete hermanos. Tuvo un varón que se llamaba Félix, por uno de mis abuelos. El otro se llamaba Felipe, y cuando tenía que tener otro varón, mi madre decía que no le iba a poner Felipe. Y mira qué insignificancia. Se peleaban por eso. Se fue cada uno a su casa. Ella en la calle Ronda y él a la calle Remedios, que vivía mi abuela. Pues na, que nació mi hermano y mi padre estaba entrando en Ubrique, que no estaba él en el pueblo. Pues aprovechó que le dijeron: tu mujer ha tenío un niño y fue al registro y le puso Felipe. Siguieron peleaos y ya cuando hicieron las paces se quedó embarazá de mi. Mi abuela no tenía luz eléctrica...mira si soy vieja.
Tenía el quinqué de petróleo. Y ahora decía que mi padre ponía los cerillos debajo de la almohada por si se ponía mala mi madre… Pues ahora ella con los dolores, y no le decía a mi padre que estaba de parto, por no hablarle. Se tragó los dolores, dolores, y dolores. Y ya tenía su ropita prepará y esas cosas. Pues nada, que cuando le entró la gana de apretar, se puso de pié y ahora dice que me caía yo, que se le caía la niña. Cogió el cernadero y se lo puso así. Y dice: “Curro, curro, levántate que estoy mala”. Pero la niña ya estaba afuera. Mi padre se levantó y cogió los cerillos y mi madre, sin darse cuenta, le dio un manotazo y se le cayeron. y ahora… sin luz… Se quedaron sin luz. Entonces mi padre salió corriendo a la vecina y dejó a mi madre con la niña en la mano. La mujer me decía: “Esta niña vive porque tenía los días cumplíos. Fíjate qué insignificancia. Por no hablarse y mi madre por cabezonería… reventaba y no le avisaba de que estaba de parto.
Y mis partos… pues no se preparaba nada. El primero es lo más malo, porque yo soy mu dura de matriz. Dicen que es como de cuero. Con cuarenta años me vinieron dos en dos años. Ya tenía las tres mayores. Cuando te lo sientes en el vientre... Había nació una niña sietemesina y yo tenía ictericia y fui al médico y va y me dice que estoy embarazá. No le pegué por chiripa. Qué enfado me entró, chiquilla, qué enfado. Ya tenía yo tres mujeres y me pusieron la casa como un kiosco de regalos que me trajeron. Pues bueno, le digo al médico: ¿Cómo voy a estar yo embarazá si no he visto el periodo? Porque yo le daba el pecho a mi niña que tenía pocos meses. Estaba criando. Ya estaba yo de 5 meses y no se lo quería decir a nadie, ni a mi mario. Me hizo una bata ancha Ana Maria la de Filomena…y no me la quitaba. Y aquella noche, duchándome… de la rabia que yo pasé cuando Don Manuel me dijo que estaba embarazá, y yo que no que no, que no puedo estar embarazá; pues eso, que aquella misma noche, duchándome, fue cuando yo me lo sentí por primera vez que se movía. Total, que me pasó como a mi madre cuando yo nací. Cuando me llegó la hora, vinieron mis hijas a comer y yo sin decir que tenía dolores… y la casa como un kiosco… ¿Cómo les decía yo que estaba mala…? Pues le digo a mi cuñá Mariana: Que estoy de parto. Ella me dice: ¿Tan pronto?... Claro, es que cuando se lo dije estaba de cinco meses… Mis niñas, a una, la que tenía 7 u 8 años, la mandé por un búcaro de agua fresca, y a otra la mandé a otro lao. Vino el médico y Remedios la Floria, que vivía un poco más abajo- Entre los dos lo recogieron. Lo que hizo el médico fue cortar el cordón…. Yo reventaba y cuando dijo ya está, llegó. Es la única vez que entró un medico en mi casa paz los partos. El niño estaba fuera cuando llegó el médico.
Nos poníamos en las camas. Como no tenían cabeceros las camas, pa agarrarte. Te ponían una sábana pa agarrarte fuerte y tumbá apretando. Los dos picos de las sábanas cogías y aguantando.
Yo soy mu nerviosa… mu dinámica… y mi madre me decía: “Mi hija es como nació”. Resulta que los antiguos siempre estaban peleaos… Bueno, yo nunca los vi juntos a mis padres. Un matrimonio como el mío no. Nunca los vi juntos hacerse ni una caricia y somos siete hermanos. Tuvo un varón que se llamaba Félix, por uno de mis abuelos. El otro se llamaba Felipe, y cuando tenía que tener otro varón, mi madre decía que no le iba a poner Felipe. Y mira qué insignificancia. Se peleaban por eso. Se fue cada uno a su casa. Ella en la calle Ronda y él a la calle Remedios, que vivía mi abuela. Pues na, que nació mi hermano y mi padre estaba entrando en Ubrique, que no estaba él en el pueblo. Pues aprovechó que le dijeron: tu mujer ha tenío un niño y fue al registro y le puso Felipe. Siguieron peleaos y ya cuando hicieron las paces se quedó embarazá de mi. Mi abuela no tenía luz eléctrica...mira si soy vieja.
Tenía el quinqué de petróleo. Y ahora decía que mi padre ponía los cerillos debajo de la almohada por si se ponía mala mi madre… Pues ahora ella con los dolores, y no le decía a mi padre que estaba de parto, por no hablarle. Se tragó los dolores, dolores, y dolores. Y ya tenía su ropita prepará y esas cosas. Pues nada, que cuando le entró la gana de apretar, se puso de pié y ahora dice que me caía yo, que se le caía la niña. Cogió el cernadero y se lo puso así. Y dice: “Curro, curro, levántate que estoy mala”. Pero la niña ya estaba afuera. Mi padre se levantó y cogió los cerillos y mi madre, sin darse cuenta, le dio un manotazo y se le cayeron. y ahora… sin luz… Se quedaron sin luz. Entonces mi padre salió corriendo a la vecina y dejó a mi madre con la niña en la mano. La mujer me decía: “Esta niña vive porque tenía los días cumplíos. Fíjate qué insignificancia. Por no hablarse y mi madre por cabezonería… reventaba y no le avisaba de que estaba de parto.
Y mis partos… pues no se preparaba nada. El primero es lo más malo, porque yo soy mu dura de matriz. Dicen que es como de cuero. Con cuarenta años me vinieron dos en dos años. Ya tenía las tres mayores. Cuando te lo sientes en el vientre... Había nació una niña sietemesina y yo tenía ictericia y fui al médico y va y me dice que estoy embarazá. No le pegué por chiripa. Qué enfado me entró, chiquilla, qué enfado. Ya tenía yo tres mujeres y me pusieron la casa como un kiosco de regalos que me trajeron. Pues bueno, le digo al médico: ¿Cómo voy a estar yo embarazá si no he visto el periodo? Porque yo le daba el pecho a mi niña que tenía pocos meses. Estaba criando. Ya estaba yo de 5 meses y no se lo quería decir a nadie, ni a mi mario. Me hizo una bata ancha Ana Maria la de Filomena…y no me la quitaba. Y aquella noche, duchándome… de la rabia que yo pasé cuando Don Manuel me dijo que estaba embarazá, y yo que no que no, que no puedo estar embarazá; pues eso, que aquella misma noche, duchándome, fue cuando yo me lo sentí por primera vez que se movía. Total, que me pasó como a mi madre cuando yo nací. Cuando me llegó la hora, vinieron mis hijas a comer y yo sin decir que tenía dolores… y la casa como un kiosco… ¿Cómo les decía yo que estaba mala…? Pues le digo a mi cuñá Mariana: Que estoy de parto. Ella me dice: ¿Tan pronto?... Claro, es que cuando se lo dije estaba de cinco meses… Mis niñas, a una, la que tenía 7 u 8 años, la mandé por un búcaro de agua fresca, y a otra la mandé a otro lao. Vino el médico y Remedios la Floria, que vivía un poco más abajo- Entre los dos lo recogieron. Lo que hizo el médico fue cortar el cordón…. Yo reventaba y cuando dijo ya está, llegó. Es la única vez que entró un medico en mi casa paz los partos. El niño estaba fuera cuando llegó el médico.
Nos poníamos en las camas. Como no tenían cabeceros las camas, pa agarrarte. Te ponían una sábana pa agarrarte fuerte y tumbá apretando. Los dos picos de las sábanas cogías y aguantando.
Gregoria: Yo con mi segunda, que estuve toa la noche… A mí el médico me dijo: “Cuando tú te notes los dolores mu fuertes entonces me llamas… Cada cinco minutos”. Pues bueno, eso fue a las 7 de la tarde, y a las 6 menos cuarto de la mañana no podía estar ni en la cama ni en la butaca ni en ninguna parte y ya llamé a mi hermano, que me llevó a maternidad. Allí me ingresaron y había una mujer que llevaba cinco horas en el borriquete. Pues la bajó y me subió a mí porque estaba de parto y en 5 minutos estaba afuera. Mi marío se quedó afuera y lo llamó el médico y le dijo: “Ven aquí que tú te crees que sólo va a parir tu mujer…” pues me recogió a mi niña… pero se mareó y tuvo que asistirlo.
Pilar: Mi marío también estuvo una de las veces, la otra estaba en el campo, porque estábamos en el campo… pero el segundo estaba en casa y ella que era mu graciosa… y dijo: “Ven aquí que vas a ver parir…” y allí estuvo. Pero no era normal que los hombres estuvieran en el parto.
Isabel: Desde las cinco de la mañana estuve yo aguantando pa que mi marío no se enterara de que estaba mala. Pero vamos, qué te voy a decir… por qué… porque bebía muchísimo y yo quería que estuviera en condiciones pa el parto, porque si no, no servía pa na. Pa que no bebiera, y que no se fuera al bar, yo me pasé la noche dando paseítos y le decía: “Estate ahí acostaito”. Y ya hasta que no podía más y llamó a mi madre y luego a Bartolito. Pero estuve toa la noche hasta que llegó Bartolito, el practicante.
M. Luisa: En los tiempos nuestros ya no se tenían en casa. Mi hermana los tuvo mu bien en su casa. La abuela de mi madre recogía a los niños. A mí me visitaba Mariquita. Una noche fui yo a las 11 de la noche… sola, porque aquella tarde estuve yo planchando, dejándolo to preparao… y mi marío se fue.
REMEDIOS, MEDICAMENTOS Y UTENSILIOS PARA EL PARTO
Se solía poner canela cocía y matalahúva, como una infusión. Era pa darte fuerza y vitalidad. Dicen que quita el sueño la canela y otros que dan fuerza. No se usaban guantes en el parto. Se lavaban bien las manos. Isabel ya sí tenía guantes.
Pa la cura del ombligo, le poníamos una cosa que le llamaban polvos de azof. Gasa esterilizada de la farmacia, con pinzas. Mariquita, la matrona, venia unos días después del parto, los bañaba y les curaba la tripita. Y seguía viniendo a visitar a niño, hasta que se le caía el ombligo. Las que paríamos en el hospital salíamos ya sin tripa ni na.
Había partos que era una barbaridad. No nos enseñaban ni…, ni gimnasia, ni respiraciones, ni na. Era monstruoso.
Hoy en el hospital…es otra cosa… te ponen una inyección… o algo. Pero cuánta gente moría en el parto… mujeres que todas conocemos murieron. No se sabía lo que pasaba, pero se morían porque estaban atravesaos, con el cordón en el cuello, pero nacieron muchos muertos… antes era mu normal. También con la placenta previa… de nalgas...
Y de reposo después… ya me dirás…
Manola: Tuve yo a mi niño a las 3 de mañana en el chozo. Lo recogí primero yo. Luego vino una mujer mayor que le llamaban la coneja. Teníamos un chozo sin luz, con un candil de gasoil: la candileja…que le decían: una torcia y gasoil.
Mi marío se vino a Ubrique, porque queríamos venirnos aquí. Yo tenía mis cosas pa irme a Algar a tener al niño. Le dije a mi marío: “No te vayas que yo estoy mala, y no te puedo planchar ni el pantalón de tela, que estoy mala y ni puedo”. Pero nada, él se fue y me quedé sola. Llamé a Encarnita, la de Paquito José, una muchacha que no tendría más de veintitantos años. Me puso una silla baja en la espalda,y vino mi niño enseguía. Lo cogí en mi Cernadero y le dije que llamara a Maria la Coneja que recogía a los niños. Ella me dijo: “Tu traes otro…” Yo no había ido al médico y no sabía na. Pero era una especie de úlcera de sangre que había tenío una caída y se me hizo eso de sangre. Y no fui al médico ni na. Total, a las nueve de la mañana estaba yo haciéndome el café.
Y pa comer maté a una gallina, me tomé mi caldo y fideos, un poquito arroz mu claro, y eso es lo que se comía. Se decía que la gallina daba más leche. Las sardinas también se decía que daba mucha leche.
Al niño lo bañábamos a diario. Mi cernadero y mis cosas pa vestirlo, la palangana, una palangana mu grande de esas de porcelana. Tenía su toalla pa él. Se le daba unas cucharaditas de hierba Luisa, si tenía dolor de barriga...
LOS PREMATUROS
Isabel: El mío lo tuve yo más de un mes sin moverlo. Sin abrir la ventana, con una botella de agua caliente y que nadie fuera a verlo. Porque nació con seis meses… dos kilos quinientos gramos pesaba. Durante la cuarentena mi madre venia a bañarlo cada día.
Leonor: Paz mi Félix, tenía yo una cunita de mimbre y le ponía dos botellas de agua caliente a los laos, porque nació dos meses antes. Y con el frio que hacía…
LAS MATRONAS
Isabel: Yo recuerdo que a mi el primero me lo recogió Bartolito, el practicante. La matrona estaba mala y entonces me los recogió él. Yo puse las sábanas limpias y luego él vino y mi madre. Normalmente estaban las madres y la matrona.
Manola: Pues a mí no me venía nadie, ni madre ni suegra. Mi madre siempre estuvo inválida y como yo vivía en el campo… La primera la tuve en El Algar, y una tía mía se ofreció a venir a ayudarme y ella fue la que me recogió al primero. Yo tenía mi cernadero, mi ropita y mis cosas y ella lo recogió.
Leonor: Mariquita... todavía vive... y ella era Matrona. Debe de tener ochenta y tantos años. Ella cuando los niños ya nacían en la maternidad, se colocó en el ambulatorio y reconocía a las madres y las mandaba al hospital. Había una, la madre no tenía título. A mí me recogió a la sietemesina. Esa era matrona. Pero la madre, Lucía, no tenia título y era la que recogía a to los niños en el pueblo. El que podía se iba al hospital, pero morían muchísimos niños en el parto y muchas mujeres.
Leonor: Mariquita... todavía vive... y ella era Matrona. Debe de tener ochenta y tantos años. Ella cuando los niños ya nacían en la maternidad, se colocó en el ambulatorio y reconocía a las madres y las mandaba al hospital. Había una, la madre no tenía título. A mí me recogió a la sietemesina. Esa era matrona. Pero la madre, Lucía, no tenia título y era la que recogía a to los niños en el pueblo. El que podía se iba al hospital, pero morían muchísimos niños en el parto y muchas mujeres.
Pilar: Isabel llevaba siempre su maletín. Yo la verdad no sé lo que llevaba en el maletín. Ella decía: “Esto es lo que a mí me gusta: trapos blancos y limpios”. Pero esas, que tengo yo que recoger… que había de to… que no tienen ni un trapo…
Las comadronas apenas hacían nada mientras el parto. A mí me decía: “Esto está aquí ya…” No hacía casi na, esperaba… ¡Ya viene, ya viene…! Ayudaba a sacarlo, lo cogía y la niña igual. Ellas no cosían…
Las comadronas apenas hacían nada mientras el parto. A mí me decía: “Esto está aquí ya…” No hacía casi na, esperaba… ¡Ya viene, ya viene…! Ayudaba a sacarlo, lo cogía y la niña igual. Ellas no cosían…
M. Luisa: La madre de Isabel ya recogía a los niños. Era una aficioná, no era matrona ni na. Luego Isabel si tenía el título.
Leonor: ¡Pero si nos rajábamos...! Toas… toas estamos rajás… y la que diga que no, miente, porque no nos cosían…
Lo que preparábamos era: Sábanas limpias, los celnaderos, su hllo... to lo necesario pa el parto. Y hacíamos el ajuar nosotras:
Camisita, batita de maguita larga, la mantilla de muletón, el metió, el culero, la faja, el ombliguero.
Yo hice la ropita: la mantilla, el culero, el metió, el pañal, las camisitas, las cortábamos, las batitas, to... ¡Pues no tenían trapos los niños! Entonces no dejábamos el ombligo como ahora. Cuando se le caía, se ponía la fajita hasta que estaba ya totalmente curao.
Pilar: Yo tenía una cunita de palma que me hizo mi marío que en paz descanse, preciosa.
Con su respaldo más alto de detrás… tan bien hecha… se la vestimos. Le compré una tela mu bonita y me lo hizo mi prima… como si fuera… aquello un lujo, como ni había carritos ni na de eso…
Yo hice la ropita: la mantilla, el culero, el metió, el pañal, las camisitas, las cortábamos, las batitas, to... ¡Pues no tenían trapos los niños! Entonces no dejábamos el ombligo como ahora. Cuando se le caía, se ponía la fajita hasta que estaba ya totalmente curao.
Pilar: Yo tenía una cunita de palma que me hizo mi marío que en paz descanse, preciosa.
Con su respaldo más alto de detrás… tan bien hecha… se la vestimos. Le compré una tela mu bonita y me lo hizo mi prima… como si fuera… aquello un lujo, como ni había carritos ni na de eso…
viernes
Ser madre: experiencias de embarazo
La maternidad es una cuestión central en la vida de las mujeres, pero mucho más en épocas en que la función básica de éstas era la reproducción. En un mundo en el que no se conocen métodos efectivos para evitar los embarazos, muchas vivían únicamente para eso. En ese contexto, ser madre era una experiencia que tenía sus luces y sus sombras: por un lado, el embarazo podía ser la confirmación de un deseo íntimo, pero también daba respuesta a una expectativa del marido y de las familias de ambos. Seguramente esta presión, ejercida de un modo más o menos explícito, les hacía esperar con ansia el gran día en el que se confirmaba su estado de “buena esperanza”. A partir de entonces estaba clara la posición de la mujer, sabía cuál iba a ser su papel principal y se preparaba para cumplirlo.
En este apartado, abordamos la experiencia del embarazo; desde el deseo más o menos consciente y expresado, de perpetuarse, pasando por las prácticas anticonceptivas, que de forma más o menos consciente, siempre se han usado, y otras cuestiones como las molestias asociadas a ese estado, y los famosos "antojos". Estos son los relatos que se recogieron en torno a las cuestiones planteadas:
ISABEL: Entonces se decía que no servía la mujer. Él, él siempre servía ... Qué dolor que no se haya ido a los médicos, porque no era la mujer siempre la que no podía, que era el hombre, como ahora. Que yo lo veo mu bien eso de que se vaya ahora al médico. Yo sé de casos que se han deseparao por que no podía tener hijos, pero luego era el marío. No había medios ni nada como hay ahora pa operarse… Yo me acuerdo de una mujer que estuvo mucho tiempo y que no traía niños, que no traía… y se separó. Luego se juntó con otro y tiene niños, o sea, que no era ella la que no podía… estaba claro, ¿no? La echaban a una al rinconcillo por eso.
En este apartado, abordamos la experiencia del embarazo; desde el deseo más o menos consciente y expresado, de perpetuarse, pasando por las prácticas anticonceptivas, que de forma más o menos consciente, siempre se han usado, y otras cuestiones como las molestias asociadas a ese estado, y los famosos "antojos". Estos son los relatos que se recogieron en torno a las cuestiones planteadas:
ISABEL: Entonces se decía que no servía la mujer. Él, él siempre servía ... Qué dolor que no se haya ido a los médicos, porque no era la mujer siempre la que no podía, que era el hombre, como ahora. Que yo lo veo mu bien eso de que se vaya ahora al médico. Yo sé de casos que se han deseparao por que no podía tener hijos, pero luego era el marío. No había medios ni nada como hay ahora pa operarse… Yo me acuerdo de una mujer que estuvo mucho tiempo y que no traía niños, que no traía… y se separó. Luego se juntó con otro y tiene niños, o sea, que no era ella la que no podía… estaba claro, ¿no? La echaban a una al rinconcillo por eso.
Por lo general, en el momento que nos casábamos, de momento lo primero que queríamos era niños. Yo me casé y a los y a los 14 meses nació mi primer hijo. Cuando mi mario veía el periodo… él lo que quería era tener niños... Yo creo que más que yo. En los embarazos no tenía antojos ningunos. Los huevos quizás me daban manía. Ni la carne ni el pescao me entraban. Comía más verdura. Se sabía que estábamos embarazás porque se iba el periodo. El cuerpo se pone de otra forma. Ya sabes tú que ahí hay algo que no lo has tenío antes. Me tomaba limón. Yo le ponía al limón azúcar… sería que yo le tenía fe, pero parece que me sentaba bien.
PILAR: Como ya dije, me casé en 1953 y en el 54 ya nació mi hijo. Tenía yo 26 años. Este embarazo fue muy malo, porque tenía mucha fatiga. Yo tenía fatiga hasta teniendo a la criatura y mi marío estaba muy preocupado. Hay hombres que a lo mejor si tienes fatiga… pues que tengas, no te hacen ni caso…., pero yo me casé con un hombre de campo y to, pero Dios lo tenga en la gloria. Era mu bueno. En todo en todo. No tengo ninguna cosa que reprocharle (se emociona) Luego… ya el niño más grande… pues lo que pasa… pues otro niño… A los cuatro años. Con este también tuve fatiga. Yo como no iba a nadie, ni médicos ni nada... Me acuerdo que por entonces tenía un abrigo marrón… parecía un palo. Tan malamente… Mi prima me llevó a un médico. Él me dijo: ella es así, de fatiga. Que todo va a salir bien, que ella está mu bien. Pues p´lante una niña y un niño.
M. LUISA: Yo me casé con 27 años. Tuve mi primer embarazo muy pronto, pero estaba mal formado. Al principio me salía mucho el vientre y tuve que ir al médico… aquello era como un trozo de hígado… no sé exactamente lo que era. Recuerdo que estaba con la regla el día que me casé, pero casi terminando, y a lo mejor por eso me pasó aquello… Yo notaba de la primera noche que nos quedamos en Marbella... y luego en Málaga y Granada, que no tenía ganas, tenía el vientre inflamao y no tenía ganas de na.
PILAR: Como ya dije, me casé en 1953 y en el 54 ya nació mi hijo. Tenía yo 26 años. Este embarazo fue muy malo, porque tenía mucha fatiga. Yo tenía fatiga hasta teniendo a la criatura y mi marío estaba muy preocupado. Hay hombres que a lo mejor si tienes fatiga… pues que tengas, no te hacen ni caso…., pero yo me casé con un hombre de campo y to, pero Dios lo tenga en la gloria. Era mu bueno. En todo en todo. No tengo ninguna cosa que reprocharle (se emociona) Luego… ya el niño más grande… pues lo que pasa… pues otro niño… A los cuatro años. Con este también tuve fatiga. Yo como no iba a nadie, ni médicos ni nada... Me acuerdo que por entonces tenía un abrigo marrón… parecía un palo. Tan malamente… Mi prima me llevó a un médico. Él me dijo: ella es así, de fatiga. Que todo va a salir bien, que ella está mu bien. Pues p´lante una niña y un niño.
M. LUISA: Yo me casé con 27 años. Tuve mi primer embarazo muy pronto, pero estaba mal formado. Al principio me salía mucho el vientre y tuve que ir al médico… aquello era como un trozo de hígado… no sé exactamente lo que era. Recuerdo que estaba con la regla el día que me casé, pero casi terminando, y a lo mejor por eso me pasó aquello… Yo notaba de la primera noche que nos quedamos en Marbella... y luego en Málaga y Granada, que no tenía ganas, tenía el vientre inflamao y no tenía ganas de na.
Mi marido estaba en Marbella trabajando y me fui allí a vivir. Al principio, me dolía el vientre y no se me quitaba. Buscamos a un médico, que era la primera vez que yo iba al seguro. Ya fui al ginecólogo y me hicieron un legrao y luego en el segundo, tuve que guardar reposo. Luego, pa la tercera, iba yo con los barreños de ropa pa tender y la llevaba en brazos y sin embargo ya no me pasó na. El cuarto me quedé sin darme cuenta. Como que yo pensaba que no había hecho na. Estaba dándole el pecho a la tercera y tenía mal color de cara y digo: esta niña está mu blanca y me hice unos análisis y es que me había quedao embarazá. Decían entonces que una no se queda embarazá dando el pecho. Yo escuchaba que le cae mu mal a los niños eso de darle el pecho embarazá. Pero yo procuraba no hacer vida… pero me quedé.
El café y el cocido me daban mucha fatiga. Los olores... Me engordaba normal, pero lo devolvía to. En los últimos estuve mejor. Con los más chicos cuando calentaba la leche pa el desayuno de los niños, me entraba una fatiga… Devolvía y luego ya se me pasaba.
GREGORIA: Me casé con 23 años. Nos fuimos de Cádiz al Puerto y luego a Granada. Eso fue el viaje de novios. Al otro día de casarme me vino el periodo y no me quería ir de viaje. Los cuatro días primeros estuve mal, pero en los otros cuatro, ya en casa de un familia, allí yo hice a mi primera hija. Mucha gente decía que yo había ido embarazá. Menos mal que vino a los 9 meses y 18 días… Yo noté que me faltaba el periodo porque pa eso era como un reloj. Cuando me faltaba, sabía que estaba embarazá.
La marcha atrás es lo que se hacía en aquellos tiempos. El segundo embarazo mira cómo fue: Trabajaba una vecina en mi casa conmigo y las dos teníamos una niña. Un día ella me dijo: Mira, te voy a regalar una cosa que me ha traido mi mario que es buenísimo. Con eso puedes estar tranquila que no se queda una embarazá. Total, me enseñó la cajita y to y me lo regaló. Se lo enseñé a mi marío. Él lo sabía, pero en la farmacia te daba vergüenza ir a comprarlo. Yo me quedé embarazá con esa caja de preservativos. Al mes justo las dos estábamos embarazás. La caja estaba picá. Mi marío encantao de ponérselo, porque lo habíamos paso mal con la última niña, que la sacaron con forcets y no queríamos tener más niños de momento. Mi hija dice que es de una equivocación de un preservativo.
Me acuerdo que una vez, mi cuñá Milagros y yo, estuvimos por lo menos seis veces en la farmacia de Jerez. Dos veces compramos pastillas de aspirinas, pero ninguna pedía el preservativo. Al final el hombre nos dijo: Yo sé lo que ustedes vienen buscando… una cajita de preservativos… Que eso no es ninguna vergüenza. Ahora que yo era la que me tenía que preocupar, que mi marío, ni hablar de ir a la farmacia. Al final aprendí a decir la marca y así no tenía que decir preservativo.
PILAR: En mis tiempos también los había en la farmacia. Pero yo no los usé nunca. Yo sé que mi mario tenía una caja, que no sé de dónde la sacaría, pero a mí no me gustaba.
PILAR: En mis tiempos también los había en la farmacia. Pero yo no los usé nunca. Yo sé que mi mario tenía una caja, que no sé de dónde la sacaría, pero a mí no me gustaba.
MANUELA: Yo oía que algunas mujeres usaban el preservativo. Así que antes de que él volviera, fui a la farmacia a pedirlo y me dijo el farmacéutico que sin permiso de mi marido no me lo podían dar y que había que tener tos los hijos que Dios quisiera. Les conté que padecía del corazón y que tenía 3 hijos, pero nada. Yo me quería preparar pa cuando viniera mi mario, que se fue a Alemania cuando yo ya estaba embarazá del cuarto, pero no conseguí nada. Así era como se pensaba entonces: los hijos que Dios quiera…
Yo sentía algo raro en mí cuando me quedaba embarazá. Una vez me dijo un ginecólogo que si yo tuviera que tener algo de prótesis en mi cuerpo iba a tener problemas, porque cualquier cosa que tengo en mi cuerpo, lo rechazo. O sea, que con el embarazo, enseguía me daba cuenta de que en mi cuerpo había algo, como una especie de rechazo. Era superior a mí. Pero fatiga… nada. Al contrario, yo tenía mucha hambre. Y claro, con 20 años y 52 kilos, comía lo que quería, yo con el peso y los antojos, no he tenido problema.
PILAR: A mí un gazpacho fresco en invierno, migao, al lao de la candela… eso era lo que se me antojaba… no me daba fatiga. ¡Me caía de bien…!
Yo sentía algo raro en mí cuando me quedaba embarazá. Una vez me dijo un ginecólogo que si yo tuviera que tener algo de prótesis en mi cuerpo iba a tener problemas, porque cualquier cosa que tengo en mi cuerpo, lo rechazo. O sea, que con el embarazo, enseguía me daba cuenta de que en mi cuerpo había algo, como una especie de rechazo. Era superior a mí. Pero fatiga… nada. Al contrario, yo tenía mucha hambre. Y claro, con 20 años y 52 kilos, comía lo que quería, yo con el peso y los antojos, no he tenido problema.
PILAR: A mí un gazpacho fresco en invierno, migao, al lao de la candela… eso era lo que se me antojaba… no me daba fatiga. ¡Me caía de bien…!
No podía dejar de abordar un tema, que, aunque delicado, es una realidad en la vida reproductiva de las mujeres: el aborto. Sobre el tema no se dijo casi nada. Sólo Gregoria se atrevió a comentar lo siguiente:
Se sabía que algunas se tomaban algo, pero claro, como era mucho tabú entonces, no se decía nada. Nosotras nos quedamos tres embarazás. Una vecina tenía cuatro y otra tres. Resulta que la que no quería más niños (tenia 4) Se puso a pintar la casa, puso una banqueta encima de la mesa y desde allí se tiró, pero no le pasó na. No abortó Sin embargo, la otra, primeriza, locas, porque lo queríamos era tener más niños, la muchacha abortó sin hacer na y yo también. Mi niña se me murió a los ocho meses de embarazo. Estuvo dos días muerta en el vientre. Luego, la tuve en cinco horas. A los tres días me dio lo que me dio. El ICTUS. El año pasao cuando mi hija la ingresan por poco me muero…
jueves
La Luna de Miel
Todo el mundo sabe que se llama así a esos primeros días, tras la boda, en los que los novios disfrutaban de un tiempo de transición entre la soltería y el nuevo estado, ya que eran días en los que aún no se tenían que enfrentar a la vida cotidiana, con las nuevas obligaciones. Por el contrario, la nueva pareja tenían la posibilidad de estar solos, estrenar intimidad, y los más afortunados hacer un pequeño viaje a alguna ciudad dentro de Andalucía.
Pregunté a las mujeres del grupo cual era la expectativa que tenían respecto a esa primera vez: la noche de bodas. Naturalmente se trata de un tema muy íntimo y por eso los comentarios giraron en torno a la falta de información que se tenía en aquella época, y consecuentemente el nerviosismo y hasta el miedo con el que se iba a ese encuentro. Definitivamente: era una experiencia a la vez ansiada y temida, y no siempre satisfactoria.
“Yo creo que las expectativas eran negativas… Mi primera noche fue en Puerto Real, luego fuimos a Cádiz y luego volvimos. Yo llegué aquí sin enterarme de ná. Es que nosotras íbamos al matrimonio totalmente ignorantes…” (Isabel)
“Yo no imaginaba nada. Las historias que se escuchaban eran negativas, como metiendo miedo. Eso sí lo recuerdo” (Manuela).
“Pues yo no tenía miedo… A mí sí que me dijeron las amigas que llevara una toalla, un paño, o una sábana” (Mª Luisa).
“A mí las amigas me metieron una sábana pa ponerla en la cama. Me decían: Por si te hace falta… Y yo decía, pero ¿pa qué es esto…? Si en los hoteles hay sábanas… No entendía nada… “(Isabel).
“Y mi madre tan avanzá como era… en eso ni una palabra. Siempre decía: Que hay ropa tendía…”(Mª Teresa).
“La noche que me casé la pasé fatal porque me tuvieron que llevar al médico de lo mala que estaba… Yo no sé qué me paso… Y cuando empecé a estar bien me vino la regla. Luego, cuando se fue la regla, ya nos teníamos que venir. Total, que estuvimos ocho días de viaje. En Jerez, a la vuelta, es donde hicimos a mi hija la grande. Desde que nació ella había que tirar pa´ trás. Porque la niña estaba mu malita y no podíamos permitirnos tener más familia. Pero lo que es disfrutar…disfrutar de estar a solas con tu marío… Desde que se me retiró la regla es cuando yo he disfrutao, en to. Porque el susto está siempre ahí, el susto a quedarte embarazá. Ahora que eso que se escucha por la radio por la noche. Una muchacha, por ejemplo, que conoce a un muchacho y se acuestan aquella noche y ya está, la deja embarazá…. y si te he visto no me acuerdo. Eso a mí me parece que no es disfrutar…” (Gregoria)
La pedida de la novia, el ajuar, los regalos y la ceremonia
Todas comentan que en aquella época, la ceremonia de pedida de la novia era algo muy poco importante. Se hacia una cena con los padres de uno y de otro y nada más. Pero no había fiesta ninguna.
Manuela tiene recuerdos de cuando servía en casa de una familia pudiente de Ubrique:
“Yo compré mis platos, mis pocillos, vasos de todas clases, una mesa redonda, seis sillas, un butanito de dos fuegos y luego, los colchones, que eran de lana”. (Gregoria)
“El mío era flex… Es que ya era otra época…”, comenta Mª Luisa.
Isabel amplia algo más su relato y comparte con nosotras otros aspectos de su boda, del ajuar y del convite.
“En la celebración se hacía baile. Normalmente con acordeón y bandurria. Sevillanas antiguas, los pasodobles, los abandolaos. Dos pasos pa´ lante y dos pasos pa´trás. Eran como malagueñas… o boleros... mu antiguos. Parecío a los verdiales, de por ahí de la parte de Málaga…”
Manuela tiene recuerdos de cuando servía en casa de una familia pudiente de Ubrique:
“Me acuerdo de que yo estaba sirviendo en una casa y un día vinieron los consuegros a una cena porque se casaba una hija. Me acuerdo yo de aquello, que fue una cena mu importante”. (Manuela)
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| Manuela con su marido |
“A la pedida... iban los padres de los dos. En este caso, mi prima, que hacia el papel de madre, y mis primos que ya estaban casaos. Una reunión normal, pero sin celebración ni nada. Ellos se conocían, pero nunca habían hablao mucho con él. Entonces los novios no entraban a comer ni nada. Iba a verme a casa, pero sólo se sentaba allí y hablábamos. Los muebles los pagaron los padres de él y toda la ropa de él. Yo lo mío: la ropa de cama, la ropa interior, el ajuar de cocina: platos, vasos, esto y lo otro, vaya to lo que hace falta pa una casa. Y luego, los amigos y vecinos te hacían un regalito, poca cosa. Por ejemplo: dos tazones con el plato de desayuno, licoreras de cristal, de esas mu bonitas, con un plato y unos vasitos de cristal.
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| Tazas y azucareros de un ajuar |
Dos o tres azucareros, un frutero de cristal, las tacitas… tengo todavía unas muy graciosas que me regaló una muchacha… Esas me las llevé yo al campo y las puse en un chinero mu bonito que tenía allí”. (Pilar)
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| Pilar el dia de su boda |
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| La cocina de butano de la época |
“El mío era flex… Es que ya era otra época…”, comenta Mª Luisa.
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| Una muestra de lana de las que se usaban para los colchones |
"Sus padres vinieron a hablar con mis padres pa preparar la boda. Verás … A mí él me puso un ultimátum. Fíjate que algunas se pensaban que yo estaba embarazá. Ahora me acuerdo... Él llevaba unas semanas fuera de la casa… to eso por la bebida. Sus padres le regañaban… Es que era la oveja negra de la familia. Se había ido a Sevilla, Granada… días y días…Me ponía un telegrama de cada sitio donde estaba. La madre le cayó mu malamente eso de que me pusiera los telegramas. Fíjate que lo que le pasara con sus padres nunca me lo dijo, vaya, que se ha muerto y no me lo ha dicho. Luego, a la vuelta, me dijo: Si tú me quieres, no me tienes que exigir mucho. Quería decir que no hiciera mucho gasto pa la boda. Y yo loquita… Mi madre iba comprando las cosas poco a poco, como se hacía entonces. Llevaría yo en el ajuar unos cincuenta vasos y un montón de pocillos, uno de un color, otro de otro. Una sartén, un perol… Me casé en el 1965.
Ese día me levanté y empezaron a prepararme y vestirme y mi suegra llegó y me dijo: ¡qué guapa! Ella quería que yo me fuera andando a la Iglesia, pero yo no, porque con los tacones… Yo quería un coche. Después la celebramos en un bar que era donde se celebraban muchas bodas. Le decía “El Pañolao”. Con tapas: jamón, queso, aceitunas… A mi boda yo creo que fueron unas doscientas personas. Es que mi suegra tenía diez hijos… , vaya mucha familia…
Mi traje fue muy bonito, blanco y con cola y velo largo… Alquilamos la casita al dueño de la fábrica, y él compró la habitación. El convite lo pagamos entre los dos. Trabajábamos los dos y por eso lo pagamos nosotros. Y la gente… como estuvimos tres meses desde que él volvió decían: “Este trae familia, este trae familia”. Pero vamos, que eso se supo luego, porque hasta los catorce meses no nació mi hijo. La verdad es que era un hombre detallista. Eran diez en la familia y siempre decía que era la oveja negra. Yo pensaba que la familia la había tomao con él, pero después, cuando lo conocí, me di cuenta de que tenían razón”. (Isabel)
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| Los novios y la madre de Isabel en medio |
Mi traje fue muy bonito, blanco y con cola y velo largo… Alquilamos la casita al dueño de la fábrica, y él compró la habitación. El convite lo pagamos entre los dos. Trabajábamos los dos y por eso lo pagamos nosotros. Y la gente… como estuvimos tres meses desde que él volvió decían: “Este trae familia, este trae familia”. Pero vamos, que eso se supo luego, porque hasta los catorce meses no nació mi hijo. La verdad es que era un hombre detallista. Eran diez en la familia y siempre decía que era la oveja negra. Yo pensaba que la familia la había tomao con él, pero después, cuando lo conocí, me di cuenta de que tenían razón”. (Isabel)
“Yo me casé en el año 46. Dice Rafaela.
Tenía diecinueve años. Y nos casamos, pero sin permiso de mi familia. Yo quería bautizar a mi niña y un señor… se llamaba Robustiano, le escribió una carta a mi madre, pa que me dejara casarme por la Iglesia, porque así podía bautizar a la niña. Ya ella me mandó los papeles, pero no vino a la boda. Mi vestido era azul: un traje con manga larga, pero sin chaqueta. Nosotros no hicimos casi na. Vinieron los dueños del campo donde estábamos y los padrinos que eran también del campo. De familia, nadie”. (Rafaela)
“Yo fui de blanco. Mi cuñá me prestó el velo y la corona, porque llevaba mu poco tiempo casá y vine andando desde la cruz del Tajo toa la calle real hasta la Iglesia”. (Gregoria)
Y Mª Teresa se centra en una anécdota del día de la boda:
“Fíjate, yo me acuerdo de una anécdota de ese día. Cuando salimos de la iglesia, por la calle real nos tuvimos que parar porque estaban descargando un camión… Yo también lo celebré en El Pañolao. Había dos salones. Nosotros fuimos a Sevilla y nos metieron a un tío mío en el coche, porque tenía que ir a un mandao a Sevilla, en el taxi. El que me llevó a la Iglesia era amigo de mi madre. Mi madre me hizo el vestido. Me lo hizo ella y una amiga: Anita, que cosía mu bien. El tocado también. El camisón, la combinación y esas cosas de la muda de novia, me lo trajeron de Sevilla”. (Mª Teresa)
Paca y Mª Luisa vinculan tristemente ese acontecimiento a la pérdida de sus respectivas madres. Es curioso, pero a finales de los sesenta del siglo XX, e incluso más tarde, aún se guardaba el luto durante muchos meses, con velo incluido. Así lo explican ellas:
“Yo me casé a los pocos meses de la muerte de mi madre ( final de años sesenta) y me tuve que quitar el velo que todavía lo llevaba. Llevaba un traje de chaqueta negro. Año y medio lo llevé, hasta que me quité el luto.
Pero pa la boda fui vestida de blanco, pero no se celebró na. Siempre me acordaré de que no invité a unos vecinos que teníamos mucha amistad y cuando llegamos de la Iglesia, los vecinos estaban haciéndole compañía a mi padre. Siempre me acordaré… le decían Antonio Vega. No pensé yo eso, porque no íbamos a celebrar na. Y me acuerdo de que me regaló esa familia media docena de vasos con filo dorao precioso. Ni hicimos invitaciones ni na. Yo me acordaba de que mi madre no me iba a ver vestida de novia y sufrí mucho. No fue un dia alegre. Luego, nos fuimos a Palma de Mallorca de Viaje de novios y mi mario me dijo: “A Palma de Mallorca no voy yo contigo vestía de negro”. Entré en una tienda en Sevilla y allí me compré ropa de color… dos cositas o tres”. (Paca)
“Yo también me acordaba mucho de mi madre ese día. Nosotros fuimos en persona a invitar a cada familia. Fueron unas cien personas más o menos. No estábamos de acuerdo en hacer invitaciones. A mí me pasaba como a Paca, me acordaba mucho de mi madre, que ya no estaba”. (Mª Luisa)
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| Imagen de la época de una mujer con velo y ropa de luto |
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| Mª Luisa en pleno relato |
Y todas coinciden en la forma cómo se celebraba el baile.
“En la celebración se hacía baile. Normalmente con acordeón y bandurria. Sevillanas antiguas, los pasodobles, los abandolaos. Dos pasos pa´ lante y dos pasos pa´trás. Eran como malagueñas… o boleros... mu antiguos. Parecío a los verdiales, de por ahí de la parte de Málaga…”
martes
Ritos de paso: Las cuatro Marías
La vida de las personas en cualquier sociedad es una serie de tránsitos de una edad a otra, de una ocupación a otra, de un estado civil a otro. Cada ciclo vital, por ejemplo, se suele cerrar con algún ritual o costumbre, mediante la cual se deja atrás una etapa de la vida y se da paso a algo que todavía no conocemos y para lo que no estamos preparados. De ese modo, además, se informa a la comunidad de la nueva situación social de sus miembros. Así pues, los ritos de paso tienen ese sentido de marcar una transición, una frontera. Señalan esa especie de crisis entre un antes y un después en cada ciclo vital. Todas las culturas han desarrollado algún tipo de ceremonia, costumbre, o ritual para señalar los cambios de rol o de estatus de los individuos dentro de su comunidad. El nacimiento, la pubertad, el matrimonio o la muerte son ejemplos claros. En todos estos momentos y dependiendo de cada cultura y etapa histórica, se celebran rituales, aunque la mayoría de veces éstos son poco conscientes, por la fuerza que tiene la costumbre. Ciertamente, pocas veces nos preguntamos por qué hacemos lo que hacemos, simplemente actuamos como se espera que lo hagamos.
Aunque en el mundo actual estos cambios en la vida de las personas son muy difusos, no ocurría así en las sociedades tradicionales, en las que el lugar que ocupa cada individuo en su comunidad está marcado por la cultura y permite poca espontaneidad. Un ejemplo de esto lo tenemos en la España rural de hace pocas décadas.
Cuando a una joven le llegaba el momento de casarse, ese paso estaba completamente ritualizado. El proceso de transición entre un estado y otro no era algo individual o privado, sino que se consideraba un acontecimiento del que participaba de una u otra forma toda la comunidad.
Desde la pedida de mano de los padres del novio a la familia de la muchacha, momento en el que se hablaba del ajuar que cada uno aportaba, o de la financiación de la boda, se sucedían una serie de pasos, cada uno de los cuales había que cumplir.
En algunos pueblos andaluces, por ejemplo, la novia enseñaba el ajuar que ella misma había bordado. Se exponían las prendas de ropa íntima, las sábanas, toallas, manteles… en una habitación habilitada a ese fin. Las vecinas, amigas y familiares pasaban por allí y podían comprobar y comentar las dotes de la chica casadera para las labores de su género. Y no sólo eso, sino que de esa forma se marcaba el estatus social de la familia en cuestión. Porque sólo quien tenía mucho para enseñar, organizaba tal evento. En Ubrique, algunas muchachas lo hacían, como es el caso de Pilar, que lo explicó así:
Otro de los rituales más conocidos, aunque muy diferente entre unos lugares y otros, es el de hacer la cama de los novios. Esta costumbre tenía sentido cuando la pareja (al menos en teoría) no había mantenido relaciones sexuales durante el noviazgo.
La habitación constituía entonces una especie de altar, un lugar simbólico en el que se consumaba ese acto que culturalmente marcaba una frontera entre el antes y el después. De ahí que los novios quedaran al margen de ese ritual. Las jóvenes de la familia, o las amigas de la novia, sobre todo, se encargaban de hacer primorosamente la cama, aunque también se conocen otros aspectos de la cuestión ciertamente menos amables. Así ocurre con la costumbre de poner objetos, o productos variados debajo de las sábanas, o dejar el colchón de tal forma que durante la noche diera algún sustillo a los novios.
Sobre estas cuestiones nos hablan las mujeres de Ubrique. Llama la atención en este sentido, el ritual llamado de Las Cuatro Marías. Que las muchachas encargadas de hacer la cama tuviesen ese nombre hace pensar en la Virgen María y no sería extraño que todo ello estuviese relacionado con la virginidad que se esperaba de la novia. Lo dicho: no solemos preguntarnos el porqué de las cosas que hacemos. Así ocurre con ellas. Lo cuentan, pero no tienen una explicación sobre la costumbre.
"Aquí había una costumbre pa la preparación de la cama de la novia. Le llaman “Las cuatro Marías”. Cuatro muchachas con el nombre de Maria era las encargadas de hacer la cama. La novia no estaba presente en ese momento.
Sí… sí… Podía ser una cuñá, una vecina… pero cuatro Marias. Además metían una "Hoa" en la cama. Quiere decir una cosa de broma pa los novios. Cuando tu ibas a acostarte y chocabas con aquello. La cama no estaba bien, porque le ponían hasta garbanzos… aquello…había de to. ¡Pa hacer un puchero, vamos!
A mis hijas también se la hicieron tres Marías. A una de ellas fueron solteras, Pero a la otra, como no había suficientes solteras…la tuvo que hacer una casá... (Gregoria)
A una amiga le cosieron las sábanas pa que no se pudieran meter dentro. Bromas así se hacían… (Mª Luisa)
Aunque en el mundo actual estos cambios en la vida de las personas son muy difusos, no ocurría así en las sociedades tradicionales, en las que el lugar que ocupa cada individuo en su comunidad está marcado por la cultura y permite poca espontaneidad. Un ejemplo de esto lo tenemos en la España rural de hace pocas décadas.
Cuando a una joven le llegaba el momento de casarse, ese paso estaba completamente ritualizado. El proceso de transición entre un estado y otro no era algo individual o privado, sino que se consideraba un acontecimiento del que participaba de una u otra forma toda la comunidad.
Desde la pedida de mano de los padres del novio a la familia de la muchacha, momento en el que se hablaba del ajuar que cada uno aportaba, o de la financiación de la boda, se sucedían una serie de pasos, cada uno de los cuales había que cumplir.
En algunos pueblos andaluces, por ejemplo, la novia enseñaba el ajuar que ella misma había bordado. Se exponían las prendas de ropa íntima, las sábanas, toallas, manteles… en una habitación habilitada a ese fin. Las vecinas, amigas y familiares pasaban por allí y podían comprobar y comentar las dotes de la chica casadera para las labores de su género. Y no sólo eso, sino que de esa forma se marcaba el estatus social de la familia en cuestión. Porque sólo quien tenía mucho para enseñar, organizaba tal evento. En Ubrique, algunas muchachas lo hacían, como es el caso de Pilar, que lo explicó así:
"Yo me hice jueguecitos de sujetadores, bragas, camisones… todo hecho por mí y por mi prima. Antes se exponían las ropas de las novias. Mi prima se empeñó. Ella dijo:
- Anda, que tú tienes muchas cosas y muy bonitas.
Eso era una costumbre. Pasaban por allí las vecinas, las amigas… Una habitación entera, con todo expuesto" .
| Rafaela y Gregoria observan con atención el sujetador del ajuar de Manola |
| Manola con un peinador, prenda muy habitual en la época en que se casó |
| Sobre otras prendas bordadas, el sujetador, confeccionado por las manos de Manola. |
| Prenda íntima de la época del ajuar de Manola |
"Aquí había una costumbre pa la preparación de la cama de la novia. Le llaman “Las cuatro Marías”. Cuatro muchachas con el nombre de Maria era las encargadas de hacer la cama. La novia no estaba presente en ese momento.
Sí… sí… Podía ser una cuñá, una vecina… pero cuatro Marias. Además metían una "Hoa" en la cama. Quiere decir una cosa de broma pa los novios. Cuando tu ibas a acostarte y chocabas con aquello. La cama no estaba bien, porque le ponían hasta garbanzos… aquello…había de to. ¡Pa hacer un puchero, vamos!
A mis hijas también se la hicieron tres Marías. A una de ellas fueron solteras, Pero a la otra, como no había suficientes solteras…la tuvo que hacer una casá... (Gregoria)
A una amiga le cosieron las sábanas pa que no se pudieran meter dentro. Bromas así se hacían… (Mª Luisa)
A mí me metieron garbanzos, fideos, arroz…. ¡Ay qué pena! (Isabel)
A mí me hizo mi prima mi camita y no me pusieron nada. Fueron también algunas amigas de la fábrica. Yo llevaba unos pocos juegos de sábanas de la Viuda de Tolrrás…todavía los tengo. Esas sábanas son más pequeñas y ahora ya no sirven. (Pilar)
A mí me la hizo una amiga que se llamaba María. La novia no la hacía. Todavía se hace eso de las cuatro Marías. Cuando se casó mi hija, estaban haciendo la cama y una de las primas dijo: una tiene que saltar encima de la cama y la que no quiera saltar ya sabemos por lo que es… (Manuela)"
jueves
Un buen marido... tenía que ser trabajador.
"Un buen marido tenía que ser trabajador, que conociéramos a la familia: hijo de mengano… Si le gustaba el vinillo. Lo de bebedor… cuando se casan se echan a perder… "
Con esta frase respondieron las mujeres a la pregunta por el marido ideal en la época en que ellas tuvieron que elegir. Luego, fueron relatando, cada cual según su criterio, necesidad o valentía, las historias más o menos completas, las pequeñas anécdotas, los recuerdos que aún pueden aflorar, en torno a esa edad tan dulce, en la que todavía no eran capaces de vislumbrar el camino que seguirían sus vidas.
Estas fueron las deliciosas confesiones de Mª Luisa:
"(....)Yo no tenía pensamiento de novio. Quería estar con mis amigas… el juego, las risas… pasarlo bien. Estuve en Sevilla cinco o seis años y allí recuerdo cómo me gustaba cantar en la cocina, lo alegre que era. Y abajo vivía otra familia que tenían un sobrino que me escuchaba y siempre me decían: M. Luisa, ¿no te gusta mi sobrino? Que si por aquí… que si por allí…
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| M. Luisa, muy joven, cosiendo en la puerta de su casa |
Yo lo que tenia era mucha fantasía… lo veía todo como las novelas de amor. Me enamoraba como mu platónico. Yo decía… hasta que no llegue el mío… A lo mejor cuando nos paseábamos, yo decía: ese muchachito qué mono. Durante un tiempo me estuve escribiendo con un muchacho de Sevilla. Cuando me escribía con ese muchacho, me hice ilusiones, pero tan lejos… en Madrid nos llegamos a ver. Fui con mi padre y él me vio, fuimos a misa, al retiro, cosas así. Me acuerdo que era mu alegre… sus ojos parece que me hablaban… Y también me acuerdo que le gustaba hablar mucho, Yo me sentía mujer con él. Me gustaban los rubios, aunque luego el mío fue moreno. Nos metíamos en el paseo por dentro, en el grupo de amigas, pa que no se acercaran. Pero yo no me daba cuenta de por qué hacíamos eso, ya te digo, es que era mu niña...
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| M. Luisa en su primera juventud, con su grupo de amigas y amigos |
Por entonces me acuerdo que se echaban muchas serenatas. A mí por lo menos me las echaban algunas veces. ¿Os acordáis de aquella canción que decía…? (...)
Ay María, mi María
cinco letras de mujer….
cinco letras nada más
cinco letras nada más
cinco letras cariñosas
que no olvidaré jamás
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Isabel habló de su relación casi infantil con el hombre con el que luego se casaría y al que perdió siendo muy joven.
(...) Yo no he conocío na más que a mi mario. Con doce años ya nos conocíamos, ya ves lo que podría yo saber de la vida. Ni pa pasearse ni pa na. El hermano se paseaba con una prima, que íbamos juntas y él se venia con nosotros. Paseos pa arriba y pa abajo… Venia del campo y ya estaba allí esperando. Mis padres no querían y también me tenia que esconder en el paseo… Los hermanos varones te vigilaban y tenían tanta autoridad como los padres. Así estuvimos hasta que a los dieciocho años le dieron permiso pa que entrara en la casa. Me llevaba un poquito más pa allá de la puerta y un dia se presentó en la casa y ya había hablado con él. Que no se podía la mano "poncima", ni la manita... To era pecado.
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| Isabel con su novio |
Una vez me vieron con la mano cogía y se lo dijeron a mi madre… Yo era una niña, con doce años y él… más o menos igual. Además empezó a beber de soltero. En la misma fábrica donde trabajaba, había una bodega y allí se pasaba las horas. Él era mu trabajador, pero lo perdía to ahí. Antes de ir a la mili y fue cada vez más, cada vez más. Yo era consciente, pero es que estaba ciega…, pero ciega… Bueno, seguramente no sabía que eso era tan malo y me iba a afectar tanto y que aunque él bebiera mi casa iba a ir pa´lante. Que todo era gloria bendita.
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| Foto familiar de Isabel |
Si, sí, buenísimo, buena persona, pero digo yo si puede ser buena persona alguien que no mira por su casa y por sus hijos. Un dia y otro y otro… eso he pensao muchas veces... En esos primeros momentos era mu cariñoso, pero terminó de momento. Yo veo a la juventud… que no es que la critique, pero pienso que yo nací demasiado pronto, que no pudimos disfrutar nada (...)
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La historia de Gregoria se centra principalmente en el control que ejercían los padres sobre las muchachas casaderas y la poca libertad de la que gozaron las mujeres de esa generación. Estas fueron sus palabras:
A la hora de salir, a mi mis padres… lo único que me decían era: a las diez aquí. Mientras había luz estábamos limpiando, lavando y haciendo cosas en la casa y en la calle después de las diez no me dejaban. Una vez me fui con un grupo de muchachas de la fábrica sin decirle na a mi padre. Íbamos treinta y tantas a Benahocaz andando. Estaban descargando un camión de cochinos… de las treinta una que iba delante, un cochino corriendo detrás de ella… fue un rato que era una pechá de reir con aquello. A la vuelta cuando llegué a mi casa… que veníamos por la carretera abajo cantando… bueno, ¡qué bien lo pasamos! Pero yo ni me acordaba de que no le había dicho na a mi padre. Cuando llego a mi casa le digo: Papá, ¿y mamá donde está…? Mi padre… ¡ Cómo se puso! Mi madre estaba ayudando a la vecina que tenia cuatro niños y le ayudaba muchas veces, y yo me tuve que poner a hacer la comida. Tendría yo catorce o quince años entonces. Pero él como era tan fino… nos encontró. Yo le monté una bronca… Le dije que se lo diría a su padre, que no dejaba en paz a mi hermana. Al otro día se encontró en la barbería a mi padre y se pensaba que ya le iban a decir algo… se fue el muchacho porque estaba asustao. Al final se arregló con él y se casaron. No sé qué paso, pero dos años y pico estuvo así. Yo con mi novio cuatro años estuve, y de casá cuarenta y dos. (...)
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La historia de Gregoria se centra principalmente en el control que ejercían los padres sobre las muchachas casaderas y la poca libertad de la que gozaron las mujeres de esa generación. Estas fueron sus palabras:
(...) Yo en esa época decía: mira qué guapo está este o aquel… eso sí, pero a mí nunca me dijeron na… Un amigo de mi hermano me dijo que estaba enamorao de mí y yo le dije: yo enamorá de ti no. Él me dijo: te tienes que arrepentir…
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| Gregoria en el paseo con una amiga |
A la hora de salir, a mi mis padres… lo único que me decían era: a las diez aquí. Mientras había luz estábamos limpiando, lavando y haciendo cosas en la casa y en la calle después de las diez no me dejaban. Una vez me fui con un grupo de muchachas de la fábrica sin decirle na a mi padre. Íbamos treinta y tantas a Benahocaz andando. Estaban descargando un camión de cochinos… de las treinta una que iba delante, un cochino corriendo detrás de ella… fue un rato que era una pechá de reir con aquello. A la vuelta cuando llegué a mi casa… que veníamos por la carretera abajo cantando… bueno, ¡qué bien lo pasamos! Pero yo ni me acordaba de que no le había dicho na a mi padre. Cuando llego a mi casa le digo: Papá, ¿y mamá donde está…? Mi padre… ¡ Cómo se puso! Mi madre estaba ayudando a la vecina que tenia cuatro niños y le ayudaba muchas veces, y yo me tuve que poner a hacer la comida. Tendría yo catorce o quince años entonces. Pero él como era tan fino… nos encontró. Yo le monté una bronca… Le dije que se lo diría a su padre, que no dejaba en paz a mi hermana. Al otro día se encontró en la barbería a mi padre y se pensaba que ya le iban a decir algo… se fue el muchacho porque estaba asustao. Al final se arregló con él y se casaron. No sé qué paso, pero dos años y pico estuvo así. Yo con mi novio cuatro años estuve, y de casá cuarenta y dos. (...)
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Mientras cuenta cómo inició su relación, Manuela reflexiona, no sólo sobre su propia situación, sino sobre la mentalidad que se transmitía a las jóvenes casaderas y el lastre en que se podía convertir haber tenido un novio. Todo eso condicionaba totalmente la libertad de las muchachas en ese sentido.
Estas fueron sus palabras:
(...) Yo era mu joven, catorce años mas o menos. Aunque nosotros estábamos en el campo… cuando venia al pueblo lo veía. Yo entiendo que cuando se tiene una edad las cosas no se entienden. Que los padres te digan: que eres mu joven… que ya tendrás tiempo… eso a lo mejor en ese momento te duele, pero luego ya lo entiendes.
Yo me daba cuenta de que tener novio ya me ponía en una situación de que ya no podría tener otro novio. No hacía falta que hubiera habido una relación sexual con el muchacho. Creo que no tuve tiempo de tener fantasías… Él era guapito, a lo largo de los años ha sio una persona… bueno… Eso hay veces que no se puede explicar.
Sabes que estás deseando de ver esa persona, como una obsesión… difícil de explicar. Como la historia de Encarna, yo creo que la falta de experiencia estaba en mi y él tenía experiencia. Yo veía profundamente que él tenía locura con mi físico, que no le caía bien que me miraran… No sé decir si eran celos… Bueno a mi me dicen que con doce años tenía el mismo cuerpo que ahora. Y después… siempre los mayores decían: se bebe un vasito, pero ¡es tan bueno…! Pero nunca te ha pegao… La mentalidad era esa (...)
Y varias de sus compañeras lo confirman de esta forma:
Paca, con mucho sentido del humor, refiere al poder de persuasión que tenía en ese momento la religión católica sobre las jóvenes. Pilar, su compañera, tuvo que dejar de pertenecer a la Acción Católica, para poder expresarse con más espontaneidad con su novio, sin tantos sentimientos de culpa. Ella vuelve sobre el tema y explica:
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| Manuela, una tarde de baile, pero muy sola |
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| Manuela, con su novio en un día de campo |
Y varias de sus compañeras lo confirman de esta forma:
"Eso sí, si tu tenias más de un novio ya te criticaban mucho. Decían: ¡Esa, esa ya ha tenío novio y está harta… no de comer, sino … ya sabes … Pero vamos, a ver, ¿qué hartas podíamos estar…, que ni la manita nos dábamos…?"
| Paca, a la izquierda, con su prima María Rios |
(...) Me ha venío a la cabeza lo de la insignia. Yo también tenía insignia. Es que no se podía ir ni al cine ni al baile. Mi marío quería ir al baile en Sta. Maria. Yo no quería baile. Al día siguiente me dicen que mi novio estaba bailando con una… Y yo dije: fuera la insignia. ¿Voy a perder mi novio por la insignia…? ¡Ni mijita, vamos, ni mijita!
Vaya, que en cuanto conocí a mi marío, es que…ir al cine de verano y que te pusiera el novio la mano por detrás…Que no podías llevar la insignia si hacía eso… ya ves, la mano por encima. Siempre se decía: "el buen paño en el arca se vende". Vaya que te tenías que quedar ahí guardándote… También digo una cosa: eso de ponerse en la calle a besarse y la pierna por arriba… eso no es disfrutar. Yo tenía un muchacho detrás, pero no me gustaba… Mi marío desde primera hora me llenó (...)
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